El despertar de los guardianes


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No a nosotros señor, no a nosotros, si no para la gloria de tu nombre (Non nobis Domine non nobis sed Nomini Tuo da gloriam). Haz lo que puedas, con lo que tengas, en donde estés, pero siempre llévanos a la gloria. (Lemas de la Orden Templaria).

A lo largo de la historia han existido vínculos ocultos que unían la tradición iniciática de todos los lugares y todos los tiempos. La gestión del Misterio en Occidente se une en algún momento de la historia con la gestión del Misterio en Oriente. Esa unión pasa mediante rituales y símbolos de generación a generación hasta llegar a nuestros días. Es la cadena áurea en la tradición hermética o el lazo místico en todas las tradiciones.

La misión principal de dicha tradición era la de resguardar los lugares sagrados y el secreto iniciático. Hoy recordaba dicha transmisión con una interesante presentadora y redactora de televisión, buscadora incansable de misterios y alma que resguarda el Grial en esas dimensiones donde lo arquetípico tiene mucho que ver con el mito y la leyenda, pero también con los lenguajes ocultos de la naturaleza.

Los espacios conscientes, la triple estrella de Salomón… Hablábamos y recordaba cuando desde la antropología hacía mis primeras indagaciones en la Orden del Temple y la Masonería. Fruto de esta investigación nació un primer libro, “Entrevista a un masón”. Recordaba también algunas fechas simbólicas que últimamente se repetían constantemente. Tras la pérdida de Acre, la Orden del Temple entró en decadencia hasta que el viernes 13 de octubre de 1307 Felipe IV de Francia ordenó el arresto de todos los templarios. Hace ahora setecientos años fue quemado en la hoguera el último maestre templario, Jacques de Molay. Justo un 18 de marzo. La numerología de estas fechas nos resuenan por todas partes. También las conexiones con San Bernardo, Escocia, la tradición celta…

La Orden del Temple formaba parte de ese entramado de órdenes hospitalarias que pretendían admitir y cuidar a los viajeros, peregrinos, pobres y enfermos que por algún motivo religioso o espiritual transitaban las rutas hacia los santos lugares. De alguna forma, también se convirtieron en los guardianes de esos lugares santos o sagrados, es decir, en los custodios de la tradición sagrada y secreta y por lo tanto, en los gestores del Misterio de esa época. Eran los constructores del nuevo templo, eran los protectores de lo Arcano.

La transmisión no se quebró con la muerte de Jacques de Molay. Muchos desconocen la existencia de la Orden que había dentro de la Orden Templaria a la vez que muchos desconocen la Masonería que existe dentro de la propia Masonería. Sea como sea, existe un incipiente despertar de esos antiguos guardianes de la tradición que intentan rescatar el sentido sagrado de la existencia. Lo hermoso de este tiempo es que ya no se hace desde el secreto de unos pocos. Ahora la luz se desparrama por el mundo sin encontrar barreras y los guardianes se transforman en habidos huéspedes del gran banquete. El misterio de la luz resplandece en todos sus amaneceres. La dorada antorcha ilumina los caminos. La senda continua.

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