Almas gemelas


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El plural es correcto porque están ahí y allí y en todas partes. A veces te cruzas con ellas y sientes como el corazón se vuelve loco, deja de responder a los impulsos de la razón y desemboca en una espiral de atrevimiento y osadía. Otras veces nos susurran en sueños, otras se convierten en nuestras ángeles custodias, vigilando que nuestras vidas sean lo más dulces posibles si somos capaces de conectar con ellas.

Estuvimos toda la vida buscando en el singular la fórmula verdadera, pero con el tiempo observamos que el universo es mucho más complejo y que dispone a su antojo de tantas fórmulas como seres lo habitamos. La mónada se divide y diversifica en almas que a su vez conforman vidas y vidas múltiples. A veces esas almas coinciden en espacios y en tiempos y ocurre la chispa, el reconocimiento, la admiración, la inclinación de nuestra vertical para conectar con su corazón amigo. Ese reconocimiento no es más que un destello de lucidez en un momento único e irrepetible. Las almas se miran a los ojos y penetran en la tierra irracional. Se reconocen y lo celebran con amor, con enamoramiento en nuestra confusión egoica. Pero aún así sigue siendo maravilloso. Amor en su estado más puro o enamoramiento en su estado más burdo. Pero sea como sea, algo milagroso.

Con el tiempo entiendes que ese flechazo es tan sólo un reconocimiento y que muchas veces nos empeñamos en arrastrar hasta la singularidad de lo concreto, de la relación estrecha, algo inabarcable. ¿Cuándo una verdadera relación basada en el amor puro puede ser estrecha y reducida? Nuestra miopía humana no nos deja ver esos pactos que van más allá de lo aparente y casual. No somos capaces de interpretar los encuentros, las relaciones más allá de lo superfluo.

No podemos entender que el amor verdadero es múltiple y nace y se dispensa desde la universalidad, desde ese maravilloso entender que sabe expresar y abrazar a todo ser sin importar sus grados o condiciones. Por eso, a lo largo de una larga vida no nos topamos con nuestra alma gemela, si no que lo hacemos con esa larga lista de almas gemelas que vienen y se van si conseguimos profundizar en el sentido exacto de esa mística relación. Por eso llega un momento en el que le debemos respeto y admiración a todos esos seres que vinieron para luego irse. Porque si de algo podemos estar seguros es de que volverán. Nunca se fueron, lo podemos sentir, lo podemos casi rozar con nuestro aliento. Siempre estuvieron ahí y siempre lo estarán. Vida tras vida.

¿Por qué entonces encapsulamos las relaciones y asfixiamos al amor en estrecheces y corsés? Dejemos que el amor fluya y se manifieste con un abrazo sincero, con una mirada respetuosa, con un beso al buey y un canto a la paloma. Dejemos que brillen nuestros ojos cuando nos reconocemos y que la dulce emoción que nos recorre en cada encuentro, en cada camino, sea puro reflejo de la corriente de vida que nos atraviesa. No ceguemos nuestra mirada, no busquemos en los abismos de la estrechez respuestas inservibles. Dejemos que el amor se libere de nuestros preconceptos y dejemos que las almas gemelas entren en nuestras vidas para saludarnos, para interesarse por nuestros proyectos y si es menester, para compartir el plan de amor y de luz. Esta actitud ante el amor hará que se restablezcan las condiciones para el nuevo mundo. Veremos entonces como todos los seres sintientes forman parte de esa gran familia de almas que nacen todas de un mismo flujo de vida y amor. Todas, absolutamente todas.

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