Crisis en los ciclos de acumulación


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En las entrañas de la tierra hay un hermoso y cálido oratorio plagado de símbolos y velas que pretenden indicar o señalar los puntos cardinales desde donde el alma se aposenta en su peregrinaje universal. La luz como símbolo de esa llama inmortal, la cruz como símbolo de equilibrio entre el cielo y la tierra, la belleza, la fuerza, la sabiduría. Todo está en su justo lugar para abrazar el silencio y acoger el manto de plegarias y cantos que desde dentro surge como un torrente de agua viva.

Tras la plegaria silenciosa, respetuosa con la vida que fluye, toca compartir la misión y el propósito que sentimos en la callada cueva del corazón. Nos desplegamos con sincera admiración y abrimos nuestras compuertas al fluir constante. Sembrar las semillas del alma tiene el encanto de ver todo su proceso de crecimiento y cuidado. Hay que planificar el terreno, condicionar la tierra, labrar sus surcos, penetrar hollando el sendero de su cálido manto y dejar caer la huella, el prototipo de aquello que como un ADN deberá servir de guía. El árbol, la majestuosa representación de lo que será, ya está contenido en ese trozo minúsculo de simiente.

La economía nos habla de las crisis en los ciclos de acumulación. En el alma, en los planos interiores ocurre lo mismo. La acumulación de experiencias, de conocimientos, de madurez interior provoca cierta inevitable crisis. El fruto está maduro y debe caer y morir para dar paso a la semilla. Es algo que se precipita inevitablemente en todo peregrinar, en toda vida que se precie. Y esa crisis es hermosa porque en el fondo está enterrando el que será el más hermoso y profundo florecer a la vida. Eso está ocurriendo aquí y ahora. Se está precipitando el propósito que los humildes conocen y sirven de forma silenciosa y callada. Se está hollando el sendero que conduce a las puertas de la iniciación grupal y que desarrolla inevitablemente la fórmula para crear el sostenimiento de la vida.

Hay unas llamas encendidas que provienen de sostenibilidad a todo el mundo cognoscible. Es necesario mantener esa llama viva. Es necesario sembrar la posibilidad de que la luz siga avivando el fuego del espíritu. He conocido a personas que trabajan silenciosamente para mantener la llama. He visto como la muerte es necesaria para crear nueva vida. Más allá de los campos y montañas, de los serpenteantes ríos y madreselvas, hemos visto como el sacrificio era necesario para seguir con el testigo inamovible de la sabiduría perennis. Es una crisis inevitable. Es un sacrificio inevitable para el fruto que se deja caer hacia la tierra profunda.

 

 

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