Día 6. Alegría para el alma


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Ayer la mitad del grupo se marchó y Koldo y yo nos hemos quedado un par de días más para tomar imágenes de los exteriores y de paso profundizar un poco más en este increíble país. La India y sus misterios, y sus maravillas, y sus contradicciones. En cuanto se marcharon los compañeros de aventuras, nos fuimos corriendo hacia la habitación para ponernos nuestro particular disfraz de payaso. Koldo tuvo la excelente idea de coger algo de material por si tuviéramos tiempo de poder, nariz roja por delante, ponernos al servicio de la alegría. Así que surcamos caminos y aldeas y nos adentramos en lo más profundo del ser humano: su alma. Esta mañana hicimos lo mismo pero esta vez con unas bicicletas que nos llevaron muy lejos.

Meditar está bien, visitar proyectos y ayudar en todo lo que podamos es excelente, pero cuando surcamos los caminos y nos encontramos con los primeros niños algo de nosotros cambió. Los niños no entienden de idiomas, ni de pobres o ricos. Son capaces de coger de la mano a dos tipos raros pintados de rojo y empezar a jugar sin más. Sin pedir nada a cambio, sin esperar nada a cambio. Cada sonrisa robada es como un néctar de los dioses entregado en el ara de la felicidad interior.

La nariz roja también es un pasaporte para entrar a lugares donde de otra forma sería difícil de acceder. Es así como de repente nos encontramos de bruces con la otra India, la que se esconde tras las carreteras y el turismo, la que encierra la mayor de las pobrezas, la que descubre la elegancia y la dignidad del ser humano a pesar de las terribles circunstancias, la de esos niños que no sabrán jamás lo que es un bolígrafo excepto por el regalo que hoy le hemos hecho, la de esas niñas que saben que ese momento de felicidad instantánea es perecedero, y que luego habrá que ir buscar leña para el fuego o dátiles para la cena.

Entre aldea y aldea siempre te encuentras con niños que van para aquí y para allá jugando con cualquier cosa o ayudando en los trabajos más duros. Niñas que cogían piedras, o hacían mezcla de tierra y cemento para levantar un muro. Niños picando piedra al borde del camino para luego transportarla como mulas hacia cualquier lugar. Hemos visto y observado de todo tipo de durezas, y sin embargo, ahí estaban, dispuestos a ofrecernos cinco minutos de su vida para compartir una sonrisa. Todo un regalo, todo un despropósito de la vida y sus complejas contradicciones.

Somos privilegiados los que ahora podemos teclear esto o leerlo. Somos tan privilegiados que nunca somos conscientes de ello.

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3 thoughts on “Día 6. Alegría para el alma

  1. “Somos tan privilegiados que nunca somos conscientes de ello”.
    Desde luego que nunca seremos conscientes de ello. Pero añado más, me siento privilegiada por poder leerte, tenerte de amigo y compartir todo lo bueno que vives todos los días en eso hermoso-duro país y que sin obligaciones, compartes con nosotros LAS ALEGRIAS DE TU ALMA.
    Besos y abrazos sentidos para Koldo y para tí. 🙂

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