Día 2 en India. Antakarana


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Estamos sobrevolando Turquía tras dejar atrás occidente y acercarnos, en este antakarana o puente, hacia la inmortalidad de Oriente. Desde aquí ya se puede respirar los vestigios del Creador. Ya podemos asomar la tenue luz del alma hacia el nacimiento en la cueva, hacia las plenitudes de la existencia. Noto como el templo del espíritu se asoma tímido a este renacer, a esta oportunidad para divisar desde lo alto la verdad trascendente.

Existe una jerarquía natural en la naturaleza. Están las aves de corral, aquellas que pasamos nuestras vidas mirando a la tierra buscando lombrices y cavando surcos. Luego están las aves del cielo, esas que sobrevuelan majestuosas los cielos inamovibles. Visitar las orbes de lo alto te hace sentir ave del cielo con el único propósito de volver a los valles y ser la última entre los últimos, empujando a los rezagados con el aliento vital de la esperanza y debatiendo en firme determinación el crepúsculo de la existencia.

El camino de retorno nos lleva inevitablemente a trascender nuestras limitaciones. No podemos perder la oportunidad de vencer nuestras propias barreras y sentirnos catapultados hacia esferas más allá de nosotros mismos. La plenitud de nuestras posibilidades es tan amplia que lo único que puede atarnos a la ceguera es la falta de fe en aquello inmutable pero vivo.

Aquí, en este matrimonio entre oriente y occidente, noto que nada está dividido excepto para las mentes que aún viven instaladas en la avidya, la ignorancia, y maya, la ilusión, utilizando términos hindúes. Hemos venido para impulsar la materia hacia lo alto. Sin duda este tipo de viajes resultan iniciáticos en cuanto a esa necesidad de impulso, de búsqueda de perfección y amplitud, de esa necesidad de impregnar la materia con el halo espiritual de nuestros ancestros originales. En estas alturas podemos notar que somos mediadores de las fuerzas cósmicas, una chispa cósmica que tambalea entre dos mundos que son uno. Una inmutable realidad que debe despertar hacia el camino estrecho. Pronto llegaremos a la India y pronto la luz de Oriente vendrá para iluminar el receptáculo de la llama. Estaremos atentos. Estaremos observantes. Seremos diligentes con todo aquello que nos llene y despierte en esta procesión del Ser.

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