Cuidemos nuestros vehículos


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Esta mañana cuando hemos ido a por el coche para hacer unas compras tenía el retrovisor roto. El repararlo cuesta casi trescientos euros. Desde que vivo en el centro de Madrid, es raro el día en el que el coche no sufra algún tipo de accidente. Es casi imposible tener el coche en las céntricas calles sin que sufra de golpes, rasguños y porrazos varios.

Desde hace unos días voy a nadar a la piscina municipal que está a dos calles de aquí. La vida sedentaria que he llevado estos últimos meses me han pasado factura y me ha salido una pequeña hernia que entorpece de alguna forma con ese dolor o molestia lumbar que viene y se va a su antojo.

Cuando observaba el coche esta mañana sentía cierto cabreo inevitable. Sobre todo por el incivismo de cometer una tropelía y no dar señales de vida para indicar lo sucedido. Te rompen el retrovisor, te dan golpes continuos y nadie responde. Como si no pasara nada.

Al reflexionar todo esto en la meditación de plenilunio de hoy me daba cuenta de que ocurre lo mismo con nuestros cuerpos físicos. Nos pasamos toda la vida dándoles golpes, olvidando sus cuidados mínimos, y cuando se estropean, nos quejamos y nos cabreamos porque ya no son útiles o porque han perdido destreza.

Sin duda las dolencias de estos días me ayudan a comprender lo sagrado que resulta cuidar nuestros cuerpos, todos nuestros cuerpos. El físico por supuesto, pero también el energético, el emocional, el mental y el espiritual, para los que lo tengan, lo sientan o lo necesiten.

Cuidar el templo, el receptáculo de la vida, el cuerpo físico es una tarea compleja pero a la vez sencilla. Buenos alimentos, algo de ejercicio, abundante agua e higiene, luz solar… Un año de sedentarismo como el que llevo aquí dentro del zulito puede provocar lesiones estúpidas que a la larga pueden traer consecuencias. Así que tomo estas señales como aviso para navegantes. Cuidémonos para que podamos servir mejor a la vida y su propósito.

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One thought on “Cuidemos nuestros vehículos

  1. Es un primer aviso, escuchalo no lo dejes pasar. Cuidate no un poco, lo necesario para que ese vehículo que te transporta por la vida siga lleno de energía para disfrutar del paisaje…
    Como siempre la teoría sin la práctica es inútil y al contrario lo mismito.
    Ale, ale… a cuidarse toca, no solo de meditación vive el hombre, como bien escribes todos nuestros cuerpos tienen que caminar en el mismo sentido, en cuando alguno no se incorpora comienza el camino del desencuentro con uno mismo.

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