Del reino de la vida al reino de la luz


a

Como no tiene nombre, se le llama hylé, materia, caos, posibilidad o susceptibilidad de ser, o lo que sirve de fundamento de algo, u otras muchas cosas…” Nicolás de Cusa.

Estaba leyendo un interesante artículo sobre los tipos de luz. Entiéndase luz como metáfora de aquello intangible como la intuición, el intelecto, el instinto o incluso eso que llamamos vagamente el alma. La física cuántica empieza a reconocer ciertos tipos de luz, revelaciones que nos conducen a una mayor expansión de consciencia. La expresión “arrojar luz” sobre un problema nos puede ayudar a entender a qué nos referimos. Joaquín de Fiore profetizó el advenimiento del tertius status, momento en el que la letra de los textos sería sustituida por una comprensión visionaria. Esa comprensión visionaria va más allá de lo puramente intelectual y tiene que ver con esa intuición que de alguna forma nos revela una parte mayor del mundo.

Este cambio en la percepción, en la luz, en la visión, lo hemos podido observar en la evolución de nuestra propia especie. En tiempos de Platón pasamos del mundo de las formas, de lo meramente material, al mundo de las ideas. Dimos un salto cuántico en cuanto a la percepción de la existencia, fijando más adelante nuestra atención en cosas que superan lo meramente intelectual como el arte, la escritura, la poesía, la música y la ciencia. Hoy día ya nadie cuestiona estos saltos cuánticos en la percepción humana aunque durante mucho tiempo fuese algo perseguido. ¿Cuál será el siguiente salto cuántico en nuestra propia evolución grupal?

La gran incógnita filosófica sigue siendo la vida acompañada de inteligencia y autoconsciencia nacida en la raza humana hasta donde sabemos. La filosofía abraza a la mística a la hora de dar respuestas sistemáticas a esa otra realidad cuyas respuestas no alcanzamos a entender. Nuestra humanidad ha ajustado su sentido de proporción a la revelación de que es algo más que materia y pensamiento y vida. En esa ascensión hacia el Monte de la Visión ha entendido, y de alguna forma sabe interiormente, que la vida es mucho más de cuanto hasta ahora habíamos conocido.

Es difícil abarcar individualmente todos los aspectos de la realidad, por ello las revelaciones y los progresos intelectuales no sirven de nada si no pueden ser compartidos con la experiencia grupal. De ahí la importancia de compartir nuestra luz interior con el reino de la vida y su manifestación. Cuantas más luminarias enciendan su llama interior, mayor será el fuego que caliente la acción grupal y su progreso hacia el bien común y mayor será la visión conjunta. Entender esto es entender que de alguna forma somos células de un ente vivo mayor. Partículas necesarias que se agrupan unas a otras para componer un cuerpo amplio que sirve de fundamento de algo que nos guía hacia la génesis de todo este misterio que llamamos vida.

(Foto: © Samantha Tran)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s