Hemos reflexionado mucho, ahora lo urgente es empezar


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“Atrévete a dar tu vida por los demás, ahí encontrarás un sentido a tu existencia”. H. Roger.

No podemos permanecer indiferentes ante el sufrimiento de los otros. Hoy en una comida hablábamos de lo complejo que resulta la creación de modelos alternativos de convivencia que de alguna forma desean paliar ese sufrimiento. Todos pensamos alguna vez en la posibilidad de un mundo ideal, utópico, donde vivir bien y felices. Según la mira de cada uno, ese mundo ideal puede ser un yate anclado frente a una gran mansión o en una comunidad idílica donde se experimente con el progreso del ser humano y el perfeccionamiento de su condición homoanimal. Ambos ideales son legítimos y respetuosos y ninguno de ellos perjudica al otro. Ambos modelos han sufrido el ensayo de la historia y ambos modelos han sobrevivido a lo largo de todos los tiempos. Los ideólogos y filósofos han dibujado los perfiles de la arquitectura de cada modelo, pero ninguno de ellos, quizás por la complejidad humana, ha calado profundamente en ninguna sociedad.

El ideal de perfección, individual y colectiva, ha sido experimentado en todas las tierras conocidas, ya que ese impulso vital de mejoramiento es uno de los principios de la creación natural. El avaro desea todo lo mejor para sí mismo. El avaro ignorante muere en la pobreza y el avaro astuto acumula todo lo que puede, muriendo en grandes palacios que luego no puede cargar en su lecho de muerte. El sufrimiento es igual para uno y para el otro, sólo que el avaro astuto podrá elegir mejor dónde sufrir.

También sufre el generoso ante la ceguera de su propia vida. Si es ignorante porque no es capaz de ofrecer ayuda a sí mismo y a los demás tanto como quisiera. Si es astuto porque nunca será suficiente todo cuanto haga para mejorar el mundo ilimitado.

Pero hay una felicidad en el don de sí mismo. Decía el hermano Roger que lo que vuelve alegre una existencia es avanzar hacia la sencillez: la de nuestro corazón y la de nuestra vida. Cuando todo está asociado a la bondad del corazón, el ser humano puede crear un campo de esperanza en torno a él. Entender el alma humana como una palpitación discreta y silenciosa de la felicidad nos acerca a ese secreto que consuma el verdadero bienestar. Por lo tanto, no importa si habitas en un yate o en una comunidad, en la miseria o en la riqueza si dentro de nosotros cohabitamos con la sencillez y la discreción de un alma noble. Y la nobleza empieza por esa necesidad intrínseca en nosotros de profundizar desde la sencillez en el bien, en la buena voluntad y en la inteligente aceptación de que el uno no es posible sin el todo.

Nuestro corazón vibra, nos habla, se comunica constantemente con nosotros, en lugares, en situaciones, en pensamientos, con sincronías y sucesos. Sólo debemos ser decididos y seguir su camino. Aunque en algún momento nos parezca angosto, siempre es sabio. La confianza límpida hacia sus señales siempre es amor de todo amor. Hemos reflexionado mucho, ahora lo urgentes es empezar. No importa si empezamos por nosotros mismos o por la familia o por nuestro entorno más inmediato. Debemos empezar a construir un mundo mejor.

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