La reconciliación con la naturaleza, del ser alineado al ser libre


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“Habitar es también el rasgo fundamental de la condición humana”. Heidegger

Owen, Fourier, Richardson, Cabet o Proudhon tenían una concepción del ser humano y de la razón crítica con el individuo alineado al artificio, aglomerado en las grandes ciudades que surgieron en la revolución industrial y que en nuestros tiempos siguen la impronta del mecanicismo y cierto totalitarismo alejado del pensamiento y la diatriba. Aún así eran optimistas y en cierta forma progresistas en sus planteamientos con respecto al futuro humano. Para ellos, el símbolo de progreso era la higiene y la belleza, el volver a la reconciliación con la naturaleza. El mismo Proudhon lo expresó de forma hermosa: “tenemos que convertir nuestra tierra en un vasto jardín salpicado de bosques”.

Esta lógica y esta crítica debe ir inevitablemente de la mano de la armonía. No podemos concebir un mundo racional alejado de la estética más sublime, de la hermosura de esas formas naturales que describen los paraísos perdidos. Proudhon, también Owen y Richardson, estaban preocupados por llevar ese tipo de belleza armónica a los edificios y viviendas. Es imprescindible, en la creación de esa nueva comunidad, de ese nuevo modelo de vivencia y convivencia, respetar los armónicos naturales. La tarea de los arquitectos del futuro, nos recordaba Considérant, “debe ser construir el palacio donde el ser humano habitará”. Willians Morris iba más allá: debemos crear verdaderas reservas de paisajes.

La belleza no debe estar subordinara, es la expresión de la energía vital de todo cuanto coexiste en la naturaleza, incluidos nosotros y nuestras habitaciones estanco donde habitamos. Lo horrendo de la construcción de nuestros modelos de convivencia es precisamente ese rechazo a la belleza, al jardín, al bosque.

Los tiempos utópicos están por venir. La construcción de la nueva sociedad desde la base misma, desde la reconciliación con el medio, con la naturaleza, sin dañar ni un ápice lo atmosférico, lo visual, el deleite de lo armónico y lo bello es tarea pendiente. El humano nuevo requiere un hábitat nuevo. ¿Vale cualquier cosa? ¿Se puede avanzar en la construcción de una nueva sociedad olvidando el palacio donde debe habitar su morador? La más grosera ignorancia debe ser desterrada en los nuevos proyectos. El espíritu humano debe iluminarse para desaparecer de la esfera de las tinieblas y el egoísmo que se granula en el sistema salvaje donde habitamos. La armonía universal que predijo Fourier sólo es posible desde la base misma del ser humano, su hogar, su nuevo hogar en una nueva tierra y en un nuevo suelo donde hacer crecer el espíritu libre. Y ese hogar sólo puede nacer alejado del alineado y artificioso asfalto, dando paso a bosques inmensos, prados imposibles y bellos e inabarcables campos cargados de animalillos y flores. Esa visión, ese sueño sólo es posible arriesgando un poco de nosotros para aproximar al mundo real el más bello proyecto.

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