De patrias y naciones


 OVEJAS

Los patriotas españoles defienden la unidad de España como nación y estado. Los patriotas nacionalistas defienden la desintegración de esa unidad para crear un nuevo estado.

Ambas concepciones son ridículas y cansinas. Los abolicionistas del Estado, entre los que me incluyo, aborrecen ambas ideas porque nacen de un mismo pretexto: la necesidad imperiosa y terrible de poseer un dominio sobre el individuo.

La manipulación de las masas para ejercer ese control social es total. Es cierto que hoy día es una utopía perseguir el ideal de Proudhon, “sin amo ni soberano”, pero sin duda la disolución del estado no pasa por crear más estados, sino por fusionar los existentes en entidades mayores donde el poder se diluya cada vez más y el individuo ejerza la emancipación total de sus vidas.

España debería desaparecer como tal y fusionarse en una entidad mayor con Portugal y Andorra. Debería a su vez desaparecer toda esa jerarquía insufrible de amos y señores que gobiernan territorios y consciencias como si de aristocracia medieval se tratara. ¿Para qué un territorio como España necesita 17 prelados cargados de vasallaje y referente identitario? ¿Acaso no hay mayor identidad que la de no pertenecer a ninguna de ellas? ¿Para qué 17 reinos de taifas, guetos y esperpentos políticos que nos obligan a subordinarnos a más y más tributos sangrantes para el siervo-ciudadano? ¿Para qué una entidad mayor a la nuestra propia?

Proudhon lo expresó de forma clara: la propiedad es un robo. La propiedad de la tierra, de nuestras consciencias, de nuestra educación, del territorio, de la política, de la cultura, de nuestros impuestos, de nuestro esfuerzo, de nuestro trabajo e ilusiones, de nuestras casas, de nuestra identidad, de nuestra espiritualidad, … El Estado y sus instituciones nos roban constantemente, sutilmente, para mantener una jerarquía de poderes endogámicos que hemos heredado desde el origen de los tiempos. Todo ser humano desea poseer poder. Por lo tanto, todo ser humano desea robar. Y eso que llamamos Estado y Democracia no es más que la evolución perfeccionada del robo sutil.

Por eso el discurso nacionalista por un lado y patriota por otro de estos días parece un robo. Disculpen señores, ni catalán ni español, a lo sumo, ciudadano libre y de buenas costumbres en búsqueda de la virtud, como diría William Godwin. No me atribuyan ninguna condición ni mercantilicen mi identidad, única e irrepetible. No me asocien a estímulos irracionales, no distorsionen mi espíritu libre, no corrompan con sus discursos medievales mi condición humana. Dejen de robarme la vida y busquen en la virtud lo incidente que conforma la historia de nuestras vidas. Somos producto de esa causalidad racional, y por lo tanto, no determinen cómo debo pensar, cómo debo sentirme, cómo debo opinar o vivir.

Quiero ser ciudadano libre en un mundo libre, emancipado, maduro, inteligente, racional, ilustrado, generoso. Dejen las patrias y las naciones para los cursos de antropología. Dejen los estados para las clases de historia. ¿Tengo derecho a decidir ser libre de patrias y naciones?

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