A instancias del bien, fe y esperanza


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“Vosotros ofrecéis un nido para los que están sin fuerza, sin amor, sin pensamientos positivos. Conseguimos recuperarnos y así después es posible volar otra vez con fuerza y un amor que no es de este mundo. Gracias”.

Esta es la nota de Anna que hoy nos hemos encontrado. En dos días le habían ofrecido tres puestos de trabajo diferentes. Cuando llegó abatida y sin fuerzas a nuestro hogar hace casi un mes parecía derrotada por la vida. Hoy le decía a una amiga: “gracias a estos días de sanación he comprendido la importancia de la fe y la esperanza”. Su testimonio ha sido suficiente para sentirnos orgullosos y satisfechos. Para ver la delicada línea roja que separa el salir victoriosos de una tragedia o el enfrascarse en la ruina de una vida entera.

Seguramente ahora en la calle hay muchas Anna que no tuvieron la suerte de toparse con la madre fortuna. Que en vez de una mano tendida están encontrando el desprecio o la desconsideración de una sociedad que no puede hacerse cargo de situaciones límite. Y posiblemente la mala fortuna obre en muchos seres la desesperación y la desesperanza.

La profunda y radical transformación que la bondad y el bien pueden obrar en la vida nos acerca cada vez más a la tarea que nos ha sido encomendada como seres, como humanos, como almas errantes de este cosmos infinito. No podemos renunciar a la ayuda mutua, no podemos renunciar al don de colaborar con el bien, a instancias de que esa, y no otra, es nuestra mayor honra. Hacer el bien, motivar la bondad, profundizar en la compasión y en el amor desinteresado no es más que la puerta a nuestra verdadera función humana.

Anna ya no está con nosotros. A estas horas, fuerte y sana estará llegando a su nuevo destino en Roma. Nos ha alegrado enormemente ser partícipes de esta hermosa transformación. La echamos de menos, es cierto, pero nos alegra que su destino se resolviera con fe y esperanza. La luz que arroja esa fuerza interior es capaz de hacernos volar lejos, muy lejos.

No dudéis en ayudar al desamparado tanto como vuestras fuerzas o lo permitan. Los astros se alinean cada día para que podamos entender esa profunda enseñanza de empoderar al otro con la gracia y el don de la generosidad.

(Ilustración: © Even Liu)

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