El punto de quietud de las otras nobles


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Ayer abrazaba a Ramiro Calle para celebrar el parto de nuestra última criatura conjunta. “El punto de Quietud“, un excelente libro que recomiendo y que he tenido el honor de prologar. Hoy viajaba a Barcelona practicando en todo el trayecto ese punto de quietud desde el compartir y la solidaridad horizontal.

También hoy la infanta Cristina de Borbón llegaba a Barcelona desde Ginebra para defender su caso por presuntas irregularidades en su economía. Su abogado es un conocido expolítico catalán del actual partido que solicita la independencia de Cataluña, padre de la actual constitución española, Miquel Roca. Extrañas compañías. Extrañas conveniencias.

Hoy llegaba a Barcelona desde Madrid. Allí utilicé el sistema de BlaBlaCar para viajar acompañado. Un joven cocinero que ha viajado y vivido por medio mundo, una licenciada en químicas que se gana la vida con una pequeña huerta a las afueras de Madrid, una licenciada en bellas artes en paro (su último trabajo había sido de recepcionista en un cine) y una licenciada en arte dramático que se busca la vida haciendo bolos de monólogos por toda España. Sincronías de la vida, dos de ellas también se llaman Cristina. Pero Cristinas muy diferentes, al menos con una nobleza que no sale en la tele ni el glamour de muchas portadas. Una nobleza silenciosa que habita en los lugares más insólitos.

Los recogí en un lugar céntrico de Madrid y los dejé a cada uno en la puerta de su destino para asombro de los mismos: Terrassa, Sant Adrià del Besos, Cerdanyola del Vallès y Barcelona. Cuando solicitaron pagar su parte del trayecto les dije que no les cobraría, excepto un precio simbólico al ver que no aceptarían el trayecto gratis. Realmente, les decía, era yo el que tendría que pagarles a ellos porque de alguna forma me estaban aportando una riqueza única y sin precio. Sus vivencias, sus historias, las inquietantes sincronías porque todos teníamos amigos en común (qué pequeño es el mundo y qué fascinante), su testimonio y optimismo a pesar de todo lo que está ocurriendo. Fascinante compañía, incluso la de Oscar, un cocinero que se jactaba de sus más de 34 clases de carnes diferentes que cocina en su restaurante bromeando con el vegetariano que le acompañaba como piloto. Extrañas compañías para unos y para otros, pero cargadas de un reguero de empatía y respeto.

Realmente no había mucha diferencia entre la infanta Cristina y Miquel Roca y nosotros. Cada uno intenta sobrevivir en este fausto mundo. Quizás la diferencia entre los primeros y los segundos tan sólo sean algunas mínimas diferencias, de cierta coherencia, ciertos valores, cierta moralina necesaria. Al menos en lo que a cooperación y apoyo mutuo se refiere casi estábamos empatados. La clase “privilegiada” se defiende de esa revolución que se está gestando en personas que se organizan en entidades horizontales como Blablacar que surgen cada día más para gestionar la crisis de forma solidaria. Pero es una diferencia ficticia. En el fondo no hay diferencia de clases ni de personas ni de intereses. Todos estamos embarcados en el mismo barco y debemos, relegando el egoísmo envolvente, remar hacia buen puerto.

No hay desconfianza hacia el futuro porque no existe el futuro. Sólo nos vale el presente, el gestionar bien nuestras vidas y alianzas para poder, cuando salgamos de esta, tener un referente moral, un mensaje de esperanza para las nuevas generaciones, un firme valor de generosidad y cooperación entre todos, un nuevo paradigma en la convivencia social desde la igualdad, la libertad y la fraternidad entre todos, seamos nobles de portada o de corazón.

Le deseo todo lo mejor en lo personal a la infanta y al abogado, pero los referentes morales de nuestros días está en personas como esos estudiantes que para seguir viviendo son capaces de montar una huerta o de viajar de forma solidaria sea como sea o de buscar comunidades con una vida alternativa como hacían dos de ellas (invitadas quedaron para que visitaran O Couso, claro). Así que gracias a los cuatro amigos que hoy me han acompañado a la ciudad condal con su testimonio de vida y me han permitido explorar en el punto de quietud con respecto a todo lo que nos rodea.

(Foto: Ayer en Madrid con Ramiro Calle).

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