La vida siempre quiere expresarse


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La primera noche en Madrid soñó con una palabra. La vio clara a pesar de no ser su idioma. La miramos en internet y se trataba de un bonito pueblo en la provincia de Guadalajara. Unos días después, siguiendo esa misteriosa pista hemos tenido la oportunidad de llegar hasta ese lugar. Aparentemente no había nada singular excepto la excepcional belleza del paraje donde nos encontrábamos, su increíble catedral en mitad de la nada y su palacio episcopal cargado de una historia y una exquisita belleza.

Paseando por sus calles y disfrutando de sus palacios nos encontramos, cosas de la vida y la “casualidad”, con un amigo de Madrid. Él nos recomendó lo que momentos antes había ya intuido debido a una extraña relación entre ese lugar, la orden de Cluny y un nuevo pueblo que se encontraba a unos quince kilómetros más al norte siguiendo la ruta del Cid. En ese momento no entendíamos la relación entre el sueño, el lugar al que llegamos gracias a él y la visita a un nuevo paraje que se había revelado en el paseo.

Llegamos al nuevo enclave y había en lo alto de una gran colina un increíble castillo medieval totalmente abandonado. Nuestra sorpresa fue a más cuando subimos hasta la atalaya y pudimos disfrutar de unas vistas inesperadas. Miramos la singularidad y la coincidencia entre ese lugar y la torre Tor que se encuentra en Glastonbury, centro telúrico de la isla de Avalon y las leyendas artúricas.

Cuando a la vuelta paramos en la ciudad de Guadalajara para disfrutar de un chocolate bien caliente acompañado de una torta de reyes entendimos el motivo del viaje. De alguna forma todo estaba relacionado sin llegar a entender muy bien los hilos invisibles de tanto misterio. Pero ocurrió el milagro, la sanación, la interiorización de unos paisajes, unas fuerzas y unas energías que desde la reminiscencia más profunda nos iban acercando a la superficie del epicentro de toda la cuestión. Fue hermoso descubrir como la vida se había expresado, nos había hablado de nuevo en cada pista, en cada paisaje, en cada revelación para dotarnos de respuestas a cuestiones profundas.

Era como si en todo ese viaje hubiera un entramado simbólico y arquetípico de personas que hasta hace unos días no se conocían de nada y de repente se veían ensalzados en una aventura singular. Era como si desde esa majestuosa atalaya pudiéramos contemplar como la vida enreda entre sus múltiples dimensiones posibles historias y caminos unidos fuertemente por un hilo dorado, conductor de hechos, espacios y tiempos aparentemente inconexos pero estrechamente relacionados.

La vida y su lenguaje simbólico. La vida y su necesidad de hablarnos, de expresarse con esa magia tan peculiar, en ese puzzle que no terminamos de comprender pero que se va ordenando a medida que pulsamos las claves adecuadas. Hoy ha sido uno de esos extraños entendimientos. Un sueño, un lugar, un tiempo, mitos, leyendas, reminiscencias, amigos que se cruzan e insisten en que visites otro lugar, sincronías inesperadas… Todo encaja a la perfección en el rito de pasaje, en el camino iniciático, en la búsqueda incansable de las fuentes del verdadero saber. Todo encajó y se despertó del sueño. Se abrió la sanación y caminamos hacia ese lugar en el no-lugar y ese tiempo en el no-tiempo donde se unen los caminos y confluye la magia. Y allí se destapó el milagro. Y allí prendió la llama, el preludio, la luz en un perfecto y singular día de magos…

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