El caos sólo es un aspecto del orden


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Es fascinante observar la incertidumbre en la que vive en estos momentos A. Licenciada en económicas, una vida estable y ordenada y de repente, por un extraño golpe de suerte, todo desaparece viéndose envuelta en un limbo mareante y, para el observador ajeno, excitante.

Ella no entiende como ha llegado a esta situación caótica. Lo ve como una desgracia, como algo negativo y repudiable. Se avergüenza, quizás por su propia educación y cultura, de verse en este estadio inconexo.

Para animar su espíritu sin ofenderla le hemos dado algo de dinero a cambio de trabajo. Como conozco un poco el carácter alemán, esta mañana temprano estábamos trasladando cajas de un sitio a otro, ordenando la casa, comprando cosas y luego toda la tarde haciendo labores útiles para la editorial. Eso le ha tranquilizado, se ha sentido útil, ha conseguido algo de recursos y puede ver la vida de forma más optimista.

Lo siguiente será ordenar su vida interior. Se ha pasado todo el día buceando en la biblioteca, leyendo libros sobre autoayuda, visitando a los maestros de la sabiduría para buscar esa luz que ahora parece estar lejos.

No le hemos dado mucha tregua para que pensara en lo negativo. La broma siempre es un buen bálsamo para, junto a la risa, desatascar las tuberías de la tristeza y la melancolía.

Así que el primer día de convivencia ha sido positivo y grato. Le intentamos tranquilar diciéndole que esto no es un momento de caos, tan sólo un momento de transformación, de oportunidad, de cambio regido por un estricto orden que no llegamos a entender en su magnitud. Eso que nosotros llamamos desgracias obedecen a algún tipo de impulso que obedece a una ley mayor, imperceptible, a veces incluso misteriosa ante la ceguera de nuestras limitaciones sensoriales.

Ha sido hermoso cuando ante nuestras explicaciones y las lecturas de algunos textos ha comprendido que nosotros no somos nuestros pensamientos. Ellos forman parte de nosotros pero hay algo más que nos diferencia y nos identifica con un sustento más amplio y abarcante. Lo que pensamos es sólo una parte de nosotros. Pero nosotros no somos lo que pensamos. Es así de simple y de complejo a la vez.

Hace un año me encontraba en una situación aparentemente caótica. Recién llegado al zulito me preguntaba qué había ocurrido en mi vida para llegar a tan dramático estadio. Ahora todo es comprensible. Ahora todo tiene una razón de ser. Sólo necesitamos algo de tiempo y de distancia para comprender que todo cuanto ocurre y existe obedece a una fuerza mayor.

(Foto: Hace un año en Madrid abrazando el caos)

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