Lo extraordinario en lo ordinario


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Estar decidido a abrazar la vida desde la vida, el aliento desde el aliento, la prisa desde la quietud, el ánima desde al ánimo, el alma desde el espíritu y lo extraordinario desde lo ordinario. Hoy en la cena lanzaba la pregunta. Uno de los comensales resolvía la complejidad de vender una mina en la China profunda, el otro repasaba sus casi mil viajes a la India, otros callaban recordando sus paseos a la Toscana mientras comía unos deliciosos bucatini all’amatriciana. Los que callaban también viajaban en sus propios recorridos por la existencia. Uno mirando el tono de voz, otro las sensaciones que se desprendían, el otro buceando en los océanos de sensibles sonrisas.

¿Es posible vivir la vida extraordinaria en el mundo ordinario? Preguntaba absorbente por los sabios. En la pregunta muchos olvidaron que ese propio encuentro era extraordinario. La comida abundante, el agua en grandes jarras con limones, la buena compañía entre amigos cada cual más extraordinario y maravilloso. Había esa trampa traviesa para ver quien podía responder desde la sencillez, sin atavismos, sorpresivos por entender que ese instante, único y esplendoroso ya era por sí un milagro.

El mundo tan amplio, tanto lugares por ver y conocer, tantos abrazos por compartir, tantas bellas mujeres y hombres danzando en bosques y praderas descalzos, mirando al sol del mediodía, rozando las manos en la hierba mientras escuchan el canto de las aves del paraíso. Esos momentos en los que comemos melones en el prado o silbamos al jilguero esperando contestación mientras apretamos la mano del niño curioso que todo lo observa, que todo lo embelesa.

Y el atardecer inolvidable sentados en alguna terraza blanca, escuchando los cantos que nacen en la medina mientras bebemos el último trago de zumo. Son tantos los momentos extraordinarios, son tantos los increíbles instantes. Incluso hoy, cuando pasada media noche volvíamos desde el barrio de Salamanca y entramos en otros barrios y durante un buen rato nos perdimos y terminamos en la misma plaza. ¿Cómo era posible tanta desorientación en calles que conocemos al dedillo? Pero ha sido maravilloso porque cuando te pierdes, cuando extravías el norte y la razón de todo cuanto existe es como volver a nacer, como volver a inundarte de la magia del descubrimiento. Y eso también es maravilloso y extraordinario.

(Foto: © Monika Filipowicz)

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