Clara luz


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El hombre amigo subió a lo más alto y desde allí contemplaba la majestuosa belleza del lugar. No podía dar crédito al espectáculo que sus ojos podían divisar. Teresa nos visitaba desde Alemania antes de emprender un retiro vipassana y comíamos algo en el restaurante vegetariano que hay junto a casa. Mientras charlábamos entre el primer y segundo plato el hombre amigo nos llamó desde lo alto de la colina. En su voz se notaba la razón hechizada, la emoción del instante, el temblor de estar ante un momento único que podría marcar un antes y un después en nuestra trayectoria vital.

Desde hacía meses esperábamos esa llamada, así que contesté el teléfono y escuché atento. El cabello se erizaba ante las palabras y descripciones emocionadas del hombre amigo. Nos daba las gracias por nuestra constancia y tenacidad. Sentíamos por dentro cierto alivio pero ahora, la responsabilidad nos golpeaba con fuerza las vidas. Llegaba el momento de declinar la balanza hacia la verdadera entrega, hacia el servicio, caminando en el propósito interior y desplegando todas nuestras fuerzas para seguir adelante.

Cuando el hombre amigo colgó el teléfono había una luz en el interior, una clara luz que invadía todo el instante. El reto parecía cada vez más cercano, cada vez más palpable. Sabemos de sobra que no se trata de un reto personal, de algo que nace del egoísta deseo de realizar ningún tipo de proeza. Es algo que va más allá de nosotros mismos y que pretende ser una respuesta al sentir común, a la necesidad común. Deseamos, con otras manos, despertar el deseo para que la urgencia de actuar no se quede tan sólo en meras palabras. Deseamos que la utopía pueda ser seguida hasta la extenuación. Deseamos participar en esa transformación necesaria e imprescindible desde el coraje y la valentía. Deseamos seguir adelante, sin miedo, convirtiendo la dificultad en reto y el obstáculo en soporte. Estamos deseosos de seguir el trazo marcado. Pronto danzaremos en el sueño hecho carne. Pronto compartiremos la proeza de sabernos partícipes de la vida. Pronto abriremos las puertas para que todos entren al banquete, a la fiesta, al compartir.

(Foto: © Josh Adamski )

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