Cuando llenamos los ojos de amor, solo vemos amor


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Estamos viajando a Granada. El sol ilumina los campos dormidos del otoño andaluz. El dorado prevalece sobre los tonos añejos. La naturaleza dormita mientras se prepara para el invierno. Dan ganas de tumbarse bajo el sol y dormir plácidamente hasta la próxima primavera. Laderas, ríos, árboles de ribera teñidos de ese ambiente melancólico. No están mal los doce grados de introspección exterior. La naturaleza parece agotada en otoño. Es hora de prepararse, de recogerse para que la vida vuelva a resurgir con esplendor en las próximas estaciones.  Toda la naturaleza contiene en sí misma esos ciclos. Sólo hay que mecer con paciencia el órdago de la espera y ver como florecen los períodos.

Resulta difícil contemplar estas cosas cuando estamos tan sumergidos en las tareas cotidianas, especialmente cuando vivimos en plena ciudad, en esa grisácea epidermis de asfalto. Es cierto que los platarenos que adornan algunas calles pretenden recordarnos en qué parte del ciclo estamos, pero no tiene nada que ver con estar aquí, con los pies enterrados en barro y las manos prensadas con el roce lumínico del sol. Ahora que ya no poseo esta suerte de privilegio envidio sanamente a los que aún conservan el contacto directo con la vida, con el campo, con los bosques, con la salvaje emoción de ser libres con nuestra natural esencia.

Alguien muy querido decía ayer que cuando llenamos los ojos de amor sólo vemos amor. Para que esto ocurra primero debemos quitarnos la venda que tapa nuestra mirada, o al menos arrancar de cuajo todos esos clichés y prejuicios que envilecen nuestra visión. Sólo debemos desvelar, correr el velo que nos oprime, que nos aleja de la savia vital, del poderoso mensaje de la vida. De alguna forma me veo con la obligación moral de volver a esos orígenes primitivos, volver al contacto con la leña en invierno, con el fuego del hogar que se construye con piedra, barro y madera. Cultivar una huerta, recolectar los frutos del bosque, pasear por la ladera buscando setas, rozar con las manos el agua sacada del pozo o bucear en los ríos buscando sus piedras doradas. Ahora que en este viaje puedo recordar que la naturaleza existe y espera paciente nuestro regreso, nuestro abrazo a eso de lo que nunca debimos separarnos, más ganas tengo de retomar esa mirada de amor. Más deseo llenarme la mirada de amor y comprender que sólo así podemos decir que estamos vivos. Arrancadme el velo cuando me pierda en la oscuridad. Agitarme el alma cuando deje de ver.

 

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One thought on “Cuando llenamos los ojos de amor, solo vemos amor

  1. Eres tal especial mi querido amigo.”…Arrancadme el velo cuando me pierda en la oscuridad. Agitarme el alma cuando deje de ver”. Te pido que hagas lo mismo conmigo Abrazo eterno 🙂

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