Contra los pastores, contra los rebaños, o de cómo el individuo no es el hacedor


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Contra los pastores, contra los rebaños. Este era el eslogan del periódico parisino L’anarchie, cuyo núcleo principal decía estar en lucha contra los “prejuicios”, los “vicios” y el “conformismo” y de paso contra los que nos gobiernan y los gobernados. Repasaba algo de su historia a propósito de la presentación de uno de los libros que con este mismo nombre se presentará esta semana en Madrid. Será en manos de los amigos de la librería anarquista LaMalatesta con los cuales mantenemos algún vínculo común, especialmente en lo referente al apoyo mutuo y la cooperación, la vida comunitaria y la utopía, ideas que la anarquía ha explotado en sus tesis más puristas y radicales.

Esta noche observaba como muchos han hecho ese giro radical contra la norma, contra ese vicioso modo de conformarnos con nuestro destino prefijado obviando la posibilidad de emancipación y libertad más allá de lo ilusorio de nuestro yo personal.

Cenábamos con el amigo Ramiro Calle, Luisa, Laura, Aurora y Nacho, un conocido editor de una prestigiosa revista que un día decidió retirarse para editar libros sobre la no dualidad y el advaita. Me preguntaba como personas inteligentes y cultas un día decidían radicalizar su vida hacia posturas diferentes, hacia controversias que rompen con la norma, con el pastor y el rebaño, con el gobierno y lo gobernado, con aquello que la vida dice que es irracional y el destino nos alienta como verdadero.

Me daba cuenta que en el fondo había un sentido anarquista de la existencia en estas posturas. Y no me refiero al clásico y venido a menos anarquismo ideológico y doctrinal, sino al que nace de la propia existencia como un marcado rumbo experimental. Un anarquismo sin acritud, como nos decía Ramiro hace unos días, no tan sólo en contra de cualquier tipo de autoridad y jerarquía, si no a favor de las consecuencias de sentirnos Uno con el todo, al modo advaita, donde el alma y Dios no están separados, sino que el alma es Dios, y viceversa. Esa anarco-espiritualidad se abraza y se transmite de forma renovada, prediciendo un nuevo estado del ser, una nueva cualidad que avanza en las entrañas del programa consciencial hacia una forma diferente de entender el vasto campo de la experiencia.

Ese “sin amo ni soberano” en palabras de Proudhon no es más que la emancipación mística y espiritual del humano renovado y emancipado de toda atadura y disciplina que usa la razón y la normalidad para gobernarse. Ahora el gobierno nace de uno mismo y de su condición de no-dualidad con el cosmos y con el sentido de la existencia. Ya no hay separación posible entre atman y Brahman, o como dijo Ramana Maharshi, “el individuo no es el hacedor” ya que el mismo nace como una distorsión, una ilusión del yo separado que por ende, no es real. El que ama al cosmos desde su más profunda amplitud no puede hacerlo viéndose a sí mismo como algo separado. Tampoco puede hacerlo subliminando su libertad a las formas y cometidos que gobiernan la vida ordinaria. Debe existir una ruptura paradójica entre el yo y el ello que conduce necesariamente a la identificación con la suma de ambos, con el todo que nace y renace en este constante baile cósmico. Y cuando eso ocurre, inevitablemente nos convertimos en danzantes, en derviches que bailamos al son de la música impuesta por las esferas más altas y las melodías más profundas. Quizás este y no otro sea nuestro cometido final, abrazar la unidad, libres, ante el profundo anhelo de ser Uno con el Uno, una constante impermanencia y transitoriedad hacia el Todo.

(Foto: © Jean Paul Bourdier )

 

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5 thoughts on “Contra los pastores, contra los rebaños, o de cómo el individuo no es el hacedor

  1. Cuando haces este tipo de reflexiones -especialmente hoy que relacionas la espiritualidad y la anarquía- me resulta muy agradable leerte.
    Siempre hay un punto, sistemáticamente el mismo punto, en el que discrepamos. Se trata de la inducción al cumplimiento de una norma (que aun no hemos discutido quién define), tras entonar las aleluyas de la acracia.
    A pesar de las bendiciones que recibe, a mi la moderación y la tibieza me parecen hermanas. Entonces, sin esperar respuesta, mucho menos facilona, me pregunto: ¿nos atreveremos de verdad con la anarquía, o es sólo una hipótesis de trabajo?

    Un fuerte abrazo.

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    • ¿Qué si nos atreveremos? Ya lo somos en cuanto empezamos a comprender que el primer tirano al que hay que derrotar es a nosotros mismos. Fíjate en la tiranía de los sentidos, de los apetitos, de los vicios, de la insensatez por autodestruirnos sin respetar, de paso, ni un ápice de la vida ajena, humana o animal. Nosotros mismos somos pastores y rebaños, ya que nos dejamos arrastrar por todo aquello que desde la cuna nos han inculcado. ¿Cuando vamos a empezar a cuestionarnos a nosotros mismos? Esa es la primera radicalidad de la que hablo, y en esas andamos, de momento… un abrazote…

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  2. me gusta tu reflexión, siempre he luchado por sentirme fuera del rebaño, y extrañamente a la vez he defendido que somos mas iguales de lo que queremos admitir. Quizás sea cuestión de quien o que guía el rebaño , hacia que tipo de alimento o pradera..

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