No cedamos nuestro poder


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Siempre nos quejamos de los poderosos. De los políticos que administran mal nuestros logros sociales, de los banqueros que administran mal nuestros ahorros, de los financieros que especulan con las empresas que tanto sudor costó levantar, de los empresarios sin escrúpulos que juegan con nuestros puestos de trabajo como si se tratara de una peonza a punto de tumbarse ante el peso de la gravedad.

Nos quejamos continuamente, constantemente, pero no cesamos de cederles nuestro poder. Cuando votamos al político de turno, cuando compramos los productos a unas empresas y no a otras, cuando guardamos nuestros ahorros en unos bancos y no en otros, cuando cedemos nuestra soberanía y emancipación a cambio de un mísero puesto de trabajo, sin prepararnos en la vida para crear nuestro propio trabajo, nuestra propia actividad.

Estamos siempre instalados en la queja continua pero es poco lo que hacemos para provocar el cambio. Ni siquiera tomamos conciencia del poder que ejercemos diariamente con nuestros actos, con nuestros pequeños votos como consumidores, como agentes sociales.

¿Nos hemos preguntado alguna vez qué es aquello que no nos gusta? ¿Y hemos hecho algo realmente para que eso que no nos guste cambie? Y si somos agentes de ese cambio, ¿nos hemos convertido en evangelizadores convincentes? ¿Hemos sido capaces de convencer a nuestras familias, a nuestros vecinos y a nuestros amigos de que ese cambio es posible con nuestros pequeños actos diarios? ¿Hemos sido capaces de transmitir esos nuevos valores, esa necesidad urgente de transformación a las nuevas generaciones? ¿Hemos sido lo suficientemente poderosos en nuestro entorno más inmediato para ejercer una correcta y positiva influencia? ¿Hemos conducido con sabiduría nuestros actos diarios, hemos sido capaces de ejercer el amor y el respeto, sin ofensa, pero con fuerza y voluntad irreductible para convertir nuestro medio en ese paraíso soñado, en esa utopía necesaria?

Al menos reflexionemos, pensemos, salgamos de la intoxicación que supone vivir en una sociedad narcotizada por todo aquello que nos aleja del juicio crítico. Seamos capaces de potenciar la autocrítica y no cedamos nuestro poder.

(Foto: © Pedro Díaz Molins )

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