¿Sobrevivirá el enfermo?


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Hoy hemos pasado una bonita velada en casa de unos amigos en un pequeño pueblo fronterizo con Guadalajara. Hemos admirado los hermosos halcones que nuestro anfitrión disponía para su oficio de cetrería y quizás por no estar acostumbrados a ese tipo de imágenes, nos ha sorprendido ver como los halcones comían pollitos congelados que troceaban pacientemente con el pico, arrancando de cuajo cualquier parte del mismo, empezando por la cabeza y siguiendo con el resto.

Como suele ocurrir a veces en este tipo de encuentros, alguien nos preguntó ante las once personas que componíamos la mesa el por qué somos vegetarianos. Realmente nunca sabes qué contestar para no herir sensibilidades y prefieres desviar la pregunta porque incluso a nosotros nos resulta violenta la respuesta.

Cuando un doctor en medicina detecta un mal, un virus o un cáncer y pone todo su esfuerzo en erradicar ese mal y lo consigue se le aplaude y se le estima. No curre del mismo modo con los doctores sociales, esos que de forma igualmente científica son capaces, con un previo análisis crítico, detectar los males y tumores de nuestra sociedad y buscar, además, recetas para su cura.

En antropología siempre enseñamos eso de la distancia antropológica, de la necesaria obligatoriedad de buscar en los hechos y fenómenos que observamos cierta disciplina objetiva. Sin duda resulta algo extremadamente difícil, pero al igual que cuando encontramos un bulto en la cabeza y el doctor diagnostica que es un tumor y hace todo lo posible por extirparlo, los agentes sociales son capaces, de igual forma, de detectar un tumor social y buscar recetas para erradicarlos. Al menos eso debería ser lo normal cuando existen conflictos sociales, es decir, debería ser normal consultar a los científicos sociales sobre diagnósticos y soluciones.

¿Y qué tiene que ver todo esto con la pregunta de si somos o no vegetarianos? Sin querer entrar en cuestiones morales, que siempre son subjetivas y afectan a la sensibilidad de los tiempos y las diferentes culturas, sí me atrevo a decir que mucho. Mucho en cuanto como científico social me atrevo a diagnosticar que vivimos en una sociedad enferma, narcotizada, sin valores y desfasada en cuanto a la gestión de la violencia, la ignorancia y el miedo. Me atrevo a pensar, y esto es ya más una opinión que un análisis riguroso,  que la violencia está estrechamente relacionada con lo que comemos y consumimos en la mesa diariamente. Que la ignorancia tiene mucho que ver con esos pequeños actos de consumo diario y de que el miedo asume su papel de responsabilidad a la hora de agotar todas las posibilidades antes de actuar o cambiar nuestros hábitos.

Ser o no ser vegetariano no es tan sólo una cuestión de higiene personal, sino también una cuestión de salubridad social. Lo achaco más a una cuestión de consciencia. No es lo mismo tener una consciencia de halcón, el cual, por su propia naturaleza se ve obligado a descuartizar un trozo de pollito congelado para sobrevivir, como en el ejemplo de más arriba, o una consciencia angélica, que de existir, se alimentaría, suponemos, posiblemente directamente de los rayos del sol sin necesidad de tener que elaborar esa síntesis energética por complejos mecanismos de digestión y asimilación de alimentos. En el fondo todo está bien siempre que exista un poderoso equilibrio. Está bien que el halcón cace ratones y está bien que el león coma cebras y que el ser humano coma según su grado de consciencia o sensibilidad un tipo de alimento u otro. Lo que no está bien es cuando ese ser humano, o cualquier otro tipo de vida, enferma como ecosistema y reproduce un tumor.

En nuestro caso, el tumor es evidente. Asfalto, edificios, violencia, egoísmos, superpoblación, consumo, capitalismo salvaje, guerras, hambrunas, contaminación… La lista sería casi interminable. Insisto: sólo debemos contemplar como cuidamos de nuestro cuerpo y nuestro entorno. Pero el doctor social, por pura supervivencia en este mismo sistema, o por miedo, prefiere callar el diagnóstico y evitar la cura. ¿Para qué herir sensibilidades ante un sistema agotado y en fase terminal? En cuestión de cien o doscientos años el edificio que hemos construido se derrumbará por propio agotamiento. Y las consecuencias serán nefastas ante la magnitud de lo que hemos creado. ¿Sobrevivirá el enfermo? Sólo me atrevo a decir algunas cosas: haga usted dieta, física y social. Recicle. Cambie el egoísmo por la generosidad hacia uno mismo y hacia el entorno. Sea saludable y equilibrado con uno mismo y con los demás. No consuma cosas, consuma experiencias. Disminuya su dieta a base de carnes y venza el miedo y las resistencias a base de cultura y conocimiento. Reconozcamos ante nosotros mismos y los demás que hemos creado una sociedad enferma y busquemos alianzas y conductas que nos ayuden a rectificar. Seamos felices y equilibrados, y en definitiva, lo demás vendrá por añadidura.

(Foto: © Misha Gordin)

 

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4 thoughts on “¿Sobrevivirá el enfermo?

  1. No olvides que la gente está harta de que le digan lo que tienen que hacer. Estamos en otra época, pareces no darte cuenta. Pero si persistes cambia antes tu mismo, es decir se vegetariano hasta el final, justo ahí donde no necesitas hacer proselitismo del verde.Comes ensalada y punto sin más problema. Se vegetariano gastronómica-mente, y en otros aspectos, a lo mejor, quítale chicha al discurso y quedará casi nada. Justo lo que se necesita en esto momentos, escuchar. Menos ruido, menos espíritu, silencio para escucharnos.Queremos escucharnos, sólo eso, callad por favor. Iros los “maestros” a por unas largas y perennes vacaciones a un Dogma Spa. Descansad también.

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      • La educación victoriana tiene la culpa de la propaganda masiva con la que nos siguen infligiendo dolor. No hablemos de tumores, no ejerzáis el miedo por favor. El tumor más peligroso es ensalzar una idea sobre otra, i lo que es peor sobre un hecho, los prejuicios son tumores. Es cierto, ser vegetariano es más saludable. Pero que la información llegue cuando la pida el usuario. No quiero que infrinjan el vegetarianismo. Vivid, ya has hecho tu parte, has dejado de comerte varios pollos. Deja que me acerque al vegetarianismo, no me empujes. El empujón, empujar, es la esencia de la utopía, es infringir ideas a los demás. La utopía es de cada cual, si excede el número estamos hablando de dictadura. Prepara una ensalada,invítame a una ensalada, pero deja que la coma tranquilo.

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