Instrumentos de la vida


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No tenemos tiempo de digerir tantas experiencias, tantas caras bonitas, tantos abrazos sentidos. Hace dos días comíamos con D. y P. en un hermoso  encuentro de almas que se quieren, se respetan y sienten cariño. Esa otra familia extensa que está ahí, que se preocupa por nuestras cosas, que apoyan la amistad desde los pequeños gestos, esos que siempre nos hacen grandes. D. y P. estaban felices, se les notaba, tras tantas y tantas décadas juntos, enamorados y felices a pesar de las dificultades y las cosas del camino. Felices paseando cogidos de la mano y mirando el futuro con optimismo y esperanza. Para nosotros, por motivos que ellos conocen perfectamente, son todo un ejemplo de superación y coraje. Nuestra admiración por su sencillez y generosidad infinita siempre nos acompaña. Además, cosas de la vida, sin querer queriendo, nos pusieron en la pista de una cosa bonita que forma parte de un viejo sueño que intenté alcanzar hace ahora justo un año.

Y ese sueño se materializó de forma mágica hoy sábado, acompañándonos en el acto ritual de toma de posesión los entrañables amigos I. y M. No podíamos creer que los sueños se materializaran justamente cuando dejas de buscar, cuando dejas de hacer, cuando dejas de preocuparte. Es como si de alguna forma eso facilitara el que todo se precipitara. Sabemos e intuimos con mucha claridad el camino a seguir. Es como si tuviéramos la certeza interior desde hace mucho tiempo de hacia donde vamos y tras mucho esfuerzo hubiéramos dedicado gran parte de este largo periodo a estudiar e investigar el camino. Hoy se acrecentaba esa idea. Era como una confirmación de que todo aquello que habíamos proyectado tarde o temprano, inevitablemente, tendría que suceder. Y todo nos lleva al mismo punto, a la misma conclusión.

Hoy le decíamos a I. y M. que todos los seres vivimos una especie de vida extraordinaria, de alguna forma privilegiada. Es cierto que siempre hay momentos difíciles, muy difíciles, que esta crisis nos está enseñando a todos muchas cosas, pero también estamos aprendiendo a no perder la dignidad, a seguir luchando contra la adversidad y la pérdida, a valorar la importancia de las pequeñas cosas. Somos personas que estamos aprendiendo que la austeridad no es tan mala. Que no tenemos necesidad de gastar en excesos ni de gastar energía en cosas que no tengan un beneficio para el bien común. Empezamos como humanidad a cuidarnos más para ser buenos instrumentos de aquello que consideramos bueno para todos. No hay engaño posible, ni máscara, ni mentira en un mundo cada día más traslucido y transparente. Sólo ganas de seguir avanzando por la senda misteriosa de la vida, hasta que la vida quiera. ¿Nos damos cuenta de este pequeño detalle? Cada día más, porque cada día estamos más vivos y conscientes.

(Foto: © Angéla Vicedomini)

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