A esa corriente de vida


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No podemos esperar a que todo cambie. De alguna u otra forma tenemos la obligación moral de actuar. No importa como. En lo pequeño o en lo grande, en lo visible o en lo invisible. Debemos convertirnos en amor, debemos abrazar la corriente de amor y vida que todo lo recorre y abraza. ¿Qué es amor? ¿Qué es vida? Amor es fluir con la vida en el instante presente, es respetar y comprender la diferencia, abrazar la unidad de todas las cosas y estrechar el cerco entre lo que nos separa y nos une. Amor es vida fluyendo desde el misterio, tomando forma en la forma de un río, de un águila imperial, de una amapola. Desde la frágil caída de una gota al torrente imparable de un aluvión. La vida es tormenta pero también calma.

Sea como sea, nos debemos a esa urgencia tranquila, a ese despertar luminiscente, a esa lucidez que nos transporta a una visión diferente, posible, amable. El sufrimiento nace de nuestra perspectiva sesgada. Lo que nos limita nos aprisiona y así hasta la saciedad. ¿Por qué conformarnos? Decididamente algo habrá que hacer, aunque sea no hacer nada desde ese centro del huracán donde todo parece un punto de quietud, una ola tranquila de cualquier tarde veraniega.

Lo apacible, lo ígneo nos golpea en la frente y atraviesa la glándula de la observación, de la intuición inquietante. A veces sólo debemos parar nuestras vidas para comprender la conexión con todo y nuestra parte en este incesante ruido exterior. La paz nos calma, la voz interior maneja el sentido de las palabras perdidas, del ocaso de las sensaciones. Podemos vociferar más alto pero no más claro que el verbo que todo lo emana. Hay un cierto sosiego cuando comprendes que nuestra impermanencia tiene fecha de caducidad. Lo comprendí ayer mismo cuando por un segundo, quizás por algo menos, estuve a punto de ser atropellado por un gran autobús. A veces la vida es así, un segundo de instante puede cambiar nuestras vidas, o extinguirlas. Ese segundo me dotó de lucidez, de comprender que la vida es sagrada, que hay que cuidarla, mimarla a cada momento estando atentos y completamente despiertos. Ayer faltó un segundo de descuido para acabar con todo lo existente. Mañana habrán miles de segundos más en los que profundizar desde la atención profunda. Exactamente 86.400 segundos de instante. Estemos atentos, vivamos serenamente, pero con urgencia y atención. La corriente de amor nos espera. La corriente de vida que no cesa a pesar de nosotros. No caigamos en la tentación de dejarnos arrastrar por el descuido. Más líbranos, oh incesante Universo, de toda oscuridad y mal.

 

 

 

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