Cumple con tu deber desde la ecuanimidad


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© SarahharaS1

La mente que se abandona a los errantes sentidos deja al alma tan desvalida como la barquilla que es arrebatada por el huracán sobre las olas” (Bhagavad-Gîtâ).

Existe un cierto peligro en todo tipo de experiencias cumbre, especialmente las que tienen que ver con eso que llamamos mundo de la espiritualidad. Es fácil hacer cualquier tipo de viaje iniciático hacia prácticas que alteran de alguna forma los niveles de normalidad conciencial. Muchos actualmente experimentan momentos únicos, especiales, que pretenden dotarles de una capacidad mayor de percepción o sensibilidad hacia el mundo. Algunos, los menos, esa experiencia les marca para toda la vida. Otros vuelven a la normalidad rápidamente, olvidan lo ocurrido con facilidad o simplemente lo ven como una anécdota que roza lo imaginario. Otros quedan trastocados de por vida, perdiendo el hilo del equilibrio con suma facilidad.

Antiguamente ese tipo de experiencias se llamaban en el vocabulario místico-esotérico el “toque de clarín” del alma, la profusa iniciación hacia el lenguaje arquetípico. La antigua lengua sacerdotal era entonces comprendida, los signos ideográficos traducidos, se comprendía el precepto de Krishna a Arjuna cuando este le decía “mata todo deseo de vida”. El Sutta Nipâta hablaba de igual forma: “considera iguales el placer y el dolor, la ganancia y la pérdida, la victoria y la derrota: mata la sensación, busca tu refugio solamente en lo eterno”.

Lo eterno, traducido como ese espacio dedicado a los pocos, a aquellos que valientes y osados practican y persiguen la Doctrina del Corazón, está más allá de la mente, el gran destructor de lo Real. El sonido insonoro precede al zumbido argentino de la dorada luciérnaga, arrebatando de nosotros el caparazón del egoísmo, ese templo que encarna la forma cautelosa que refugia el miedo. ¿Cómo comprender estas cosas si no se han vivido? ¿Cómo traducirlas si no se ha sentido el arrebato en la Montaña donde habita el Ave de la Vida? El fatigado peregrino es capaz de superar pruebas que lo alejan de la gran herejía del ego, murmurando entre ocasos y desfiles el yo entero, desfilando con prudencia desde el vestíbulo de la ignorancia al del aprendizaje y de este al de la sabiduría. Muele de noche y de día la cáscara inservible para extraer de los desechos de la harina el grano dorado, aquel que le aleja de la desdicha y el sufrimiento para acercarle cada vez con mayor rigor a las mieles del círculo del tiempo.

Por eso los sabios eran conocidos por aquellos que no se detenían en los jardines de los deseos, en el recreo de los sentidos. Son aquellos que desoyen las halagadoras voces de la ilusión y cumplen con su deber desde la más atenta ecuanimidad.

Y ese deber siempre es sencillo: purificar nuestros cuerpos, mantener limpio el corazón para que habite en nosotros la clara y cristalina visión del alma. La gota de rocío no puede anidar en los cenagosos torrentes al igual que el primer rayo matutino no puede atravesar el tempestuoso monzón. Y antes de ser dominados por la oscuridad y el lodo, debemos cumplir con el mayor de los mandatos: hacer de nuestro deber un simple instrumento del deber mayor, renunciar a la gran recompensa por los demás, siendo esa su gran bienaventuranza.

Si has escuchado el toque de clarín, ¿qué escogerás, oh tú, aquel de corazón intrépido? El serpenteante Sendero nos espera. La Gran Renuncia nos aguarda. Guárdate del temor y avanza hacia el sendero de la compasión absoluta.

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2 thoughts on “Cumple con tu deber desde la ecuanimidad

  1. Cuanta pasión hay en tus escritos…
    Ese es el camino, vivir apasionadamente, apreciando lo verdadero, lo puro y auténtico de la vida.
    Benditas noches caminante.

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  2. Escribo escuchado el toque de clarín, la llamada se intensifica a cada paso. A mí también me enseñaron los caminos a Santiago, que la flecha que ha de seguir nuestro corazón, la encuentras andando.. y sin bien saber como ni cuando, e incluso el porque, en Santiago acabo bailando.
    En este nuevo camino, cuán agradecido de contigo haberme encontrado, mi hermano peregrino!!

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