Del ánimo de lucro al ánimo del alma


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© Hendro Alramy

Tras pasar toda la mañana en la notaria poniendo orden en la fundación y la empresa, me dirigí a la sede de una compañía de éxito donde esperaban para una nueva reunión donde debíamos tratar temas que tienen que ver con eso que en el mundo de la economía llaman “ánimo de lucro”.

El “ánimo de lucro” es aquello que mueve a individuos e instituciones privadas de carácter mercantil y capitalista a la búsqueda de algún tipo de beneficio o ganancia. Lo cierto es que mientras escuchaba a mis nuevos socios empresariales que empuñaban con fortaleza y convicción la palabra “ánimo de lucro” sentía interiormente que mi ánimo, es decir, mi alma, mi parte más interior, hacía tiempo que dejó de perseguir los valores del lucro.

Reflexionaba sobre ello porque cada día hay más gente que dejan de un lado el “ánimo de lucro” para dedicarse a otro tipo de ánimo, ya sea la búsqueda del interés general o de la utilidad pública, o el progreso social o científico o cultural o educativo o espiritual de las personas. Realmente, es a todo esto a lo que realmente muchos desean dedicar el resto de sus vidas.

Esto sin duda podría chocar frontalmente con el propio devenir de la supervivencia material. ¿Cómo enfocar la vida si no se tiene ese ánimo de lucro que permita abastecer el mínimo posible para poder realizarnos como personas sanas y libres? Realmente estas cuestiones no son incompatibles. Lo importante de cualquier actividad es donde está el enfoque de la misma, donde está el ánimo de la misma.

Dos jardineros, por poner cualquier ejemplo, pueden estar trabajando para sí mismos, única y exclusivamente para llenar sus estómagos y ombligos mediante su actividad laboral, o pueden estar trabajando al servicio del decoro, de la belleza y de la armonía de jardines y vergeles. La actividad es la misma, pero la intención hará que uno u otro trabajo sean radicalmente diferentes.

Por eso, ante el ánimo de lucro, podrían existir otro tipo de ánimos, como el ánimo al arte, el ánimo a la cultura, el ánimo al espíritu, el ánimo al progreso social, a la belleza, al compartir, al ayudar… Eso hace que los trabajos, sean del tipo que sea, adquieran un matiz diferente y radicalmente hermoso. Y también nuestra actividad diaria.

Cuando trabajas o emprendes cualquier actividad empresarial o económica, si basas el modelo en un radical bien común, la satisfacción es doble. Ya no sólo trabajas para ti y tus necesidades, también lo haces para fortalecer las relaciones armónicas con los otros y para crear un mundo más bello y decoroso. Es como cuando salimos a la calle y ayudamos con nuestros gestos diarios a que ese espacio de uso común esté cada día más radiante. Ya no nos mueve tan sólo el lucro, también las ganas de mejorar como personas y como sociedad. Ese matiz nos hace diferentes y por supuesto hace que todo funcione mejor. Probemos de sintonizar con nuestro ánimo y hagamos del mismo un bien para todos. Eso hará nuestras vidas mejores, y sobre todo, más animosas.

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