¿Por qué respetar a unos y comernos a otros?


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Se llama carne de ternera a la carne de las vacas que se han criado por lo menos seis meses de edad hasta el momento de sacrificio. Estas reses pesan 135 kg de promedio. El valor nutritivo de la carne de ternera es la misma que la de buey. La industria cárnica es la encargada de procesar los subproductos de la carne de ternera. Se suele considerar a veces como carne roja debido a su color rojizo y por la cantidad de sangre en ella. En términos culinarios, carne roja hace referencia a una carne que presenta un rojo o rosado en estado crudo. Desde el punto de vista de la nutrición, el término “carne roja” se refiere exactamente a la carne proveniente de los mamíferos. En oposición a la carne roja se emplea el término carne blanca, que desde el punto de vista culinario hace referencia a cualquier carne que en crudo y al corte presenta colores pálidos o blanquecinos”.

Hoy un buen amigo escribía muy triste por la muerte de un cachorro de perro recién nacido. Entendía su tristeza, pero no quería entrar en la sensiblería ñoña del “pobrecito animal”. Especialmente cuando todos los días sacrificamos miles de terneras para saciar a una humanidad que se alimenta básicamente de vísceras, de sangre y de piel.

No sentí ninguna compasión por la tristeza de mi amigo cuando él tampoco siente compasión por la tristeza de las vacas cuando las alejan de sus terneras para ser degolladas y consumidas de forma abominable, eso sí, de forma igualmente civilizada. Porque eso que llamamos civilización consiste en llenarnos la tripa de cadáveres y luego llorar la muerte de un animal que por contacto o cercanía, parece tener algo más de privilegios que el resto.

Es algo que aborrezco de la hipocresía humana. Esa pena por la muerte de unos, ese horror manifestado con lágrimas de cocodrilo cuando fallece nuestro gato o nuestra perro, y esa desfachatez y crueldad cuando no se tiene la misma compasión por una vaca o un cerdo, como si estos últimos fueran animales de “razas inferiores”, algo muy parecido al pensamiento totalitarista de la segunda guerra mundial.

Por supuesto luego vienen las quejas sobre las guerras, la violencia y la crueldad humana. ¿Pero qué derecho tenemos a quejarnos cuando día tras día ejercemos un acto cruel y atroz en nuestras mesas? ¿Qué derecho tenemos de exclamar ese “no a la guerra” cuando diariamente, y por tres veces al día, ejercemos la guerra contra el reino animal?

Además, tenemos nuestros propios carniceros, nuestros propios campos de concentración, nuestras propias cámaras de gas para aniquilar día a día millones de vidas animales. ¿Por qué? ¿Para qué? Pues porque tenemos una cadena de producción que nace de la industria cárnica donde producimos carne fresca, carne procesada y carne en conserva para el deleite de miles de paladares sedientos de sangre.

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