La aventura de emprender


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Viajar bajo la gota fría puede llegar a ser una de esas experiencias que te cambian la vida de forma radical. Al menos eso pudo ocurrir en el trayecto que hicimos de Córdoba a Barcelona con parada técnica en Valencia. Antes de llegar a Castellón empezó a diluviar como hacía tiempo que no veía. La autopista estaba repleta de coches y justo el que estaba delante nuestra perdió el control y chocó fuertemente entre las medianas, de un lado para otro, quedando el vehículo inmovilizado en mitad la calzada. Milagrosamente pudimos apartarnos sin chocar contra él y parando en seco en el arcén derecho, detrás de un coche gris. Cuatro chicos salieron del coche en bañador y se refugiaron aparentemente indemnes en la cuneta. De repente, otro coche perdió el control y chocó fuertemente justo con el coche gris que teníamos a dos metros delante nuestra. La imagen y el momento fue impactante. Nos salvamos de sendos choques de milagro.

Ángel María Herrera es un exitoso emprendedor que un día tuvo también un accidente de moto y decidió tomarse la vida de forma más serena, apreciando lo que verdaderamente es importante. Una de sus empresas de éxito, Bubok, había estado en la mira de nuestros sellos editoriales hace algunos años. Criado en Carabanchel, su humildad y su carácter sólo han cambiado si era para mejorar, pero nunca para engrosar las listas de los más vanidosos del año o engrandecerse a costa de méritos y cosechas. Su tacto e intuición le hizo salir del camino marcado para emprender el más difícil de los caminos: el suyo propio. Eso le hizo asomarse a los precipicios y al vértigo que eso supone para dar el salto hacia el vuelo libre del que tantas veces hemos hablado en este espacio.

Para él, tal y como explica en su libro “La aventura de emprender”, siempre estamos aprendiendo a caminar. Paso a paso, con la lentitud apropiada, haciendo bien las cosas, buscando aliados y amigos que puedan ayudarte en los proyectos. Emprender es iniciar, es comenzar a andar.

Y para andar hace falta una visión clara. Por eso la misión de sus empresas, “hacer proyectos que favorezcan el desarrollo de las personas”, tiene mucho que ver con la visión de las mismas: “trabajar en la construcción de una sociedad mejor bajo la búsqueda del beneficio común”.

Esta es la nueva raza de las nuevas empresas que marcan sus líneas en la base del apoyo mutuo y la cooperación, marcadas dentro de un gran sentido de responsabilidad y generosidad, y por supuesto, dentro de los valores de la nueva cultura ética que se está expandiendo por todo el mundo.

Esta mañana tuvimos un primer encuentro en su oficina de Madrid. Las simetrías entre su vida y la mía propia son tan sugerentes que no dudo en que habrá más encuentros y más conversación. Además, proyectos futuros nos unen en ese lazo invisible que teje encuentros y relaciones y que en silencio, va hilando fuerzas para ese propósito interior que todos perseguimos. Un mundo mejor, desde dentro hacia fuera, desde lo interior a lo exterior, forjando el ejemplo de que todo es posible desde nuestro esfuerzo personal. Inclusive hacer de una sociedad buena, una sociedad mejor.

Aprovechemos el instante, aprovechemos cada segundo de vida. A veces una gota fría o un accidente de moto nos pueden advertir de lo efímero de la vida. Gracias Ángel María por tu ejemplo. 

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