Cooperación y cocreación con la Naturaleza, la nueva revolución


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Aquella mañana me subí a un árbol que había a las afueras del barrio, en una vía muerta donde ya no transitaba el “carrilet” y donde íbamos a cazar lagartijas que luego soltábamos tras observas sus increíbles cualidades. Allí había un mundo de vida y color que se había plagado de verde y animales y que para nosotros, habitantes de la ciudad, era como un estallido de misterios e increíbles descubrimientos diarios. Me acompañaba ese día en la aventura mi primo “el gordo”, que así le llamábamos cariñosamente por haber superado en carnes la cuota estética admisible. La crueldad de los niños en aquella época era siempre inocente, teniendo yo el apelativo de “el conejo” o “el caballo”, por disponer de una hermosa dentadura que destacaba por su grandeza y brillantez.

Más allá de donde estábamos circulaban los caminos que iban hasta el río, que por aquel entonces aún presumía de poseer algunos peces y bonitas ranas de San Antón que saltaban de rama en rama por toda la vereda, por las huertas y por los campos abandonados donde pastaban los últimos rebaños de oveja que aún quedaban en el barrio. Recuerdo que nos entrelazábamos entre las cañas que crecían por todas partes, imaginando cuevas hacia mundos imposibles. Cuando eres pequeño, tres pares de cañas juntas pueden simular una nave multidimensional o la entrada misteriosa al paraíso perdido.

Desde aquel inmenso árbol pensamos que era muy arriesgado ir más allá de los límites permitidos para nuestra corta edad, pero aquel trozo de vía muerta podría ser perfecta para organizar nuestra primera iniciativa ecológica. Tendríamos unos diez años y a la institución la llamamos “Grupo Ecologista El Lince”. Nuestra primera acción fue llenar la vía muerta de nidos hechos de madera que sacábamos de la carpintería del padre de mi primo. Hicimos unos cuantos nidos que llegamos incluso a pintar de azul y verde. Poblamos la vía y sus árboles de nidos que cargamos con alpiste para animar a sus futuros inquilinos a habitar tan dichosas y acogedoras casas. Y allí nos tirábamos horas enteras esperando a que algún pájaro curioso se atreviera a disfrutar del nuevo hogar.

Cuando tenía unos seis años más, ya en plena efervescencia adolescente, con esas camisas de Greenpeace que decían eso de “salvemos a las ballenas” o “nucleares no, gracias”, creamos un segundo grupo, esta vez con la hermosa Tatiana, amiga ideológica y batallera de aquel entonces. Esta vez el grupo se llamó simplemente “Flores de Asfalto”, intentando emular la necesidad de convertir el gris de la ciudad en un mundo bello y armónico. Hicimos varias campañas en el instituto y algunas actividades más hasta que marchamos a la universidad y nuevos grupos y nuevas aventuras completaron nuestra formación activista.

Ahora que recuerdo desde la distancia y cierta nostalgia aquellos primeros actos, aquellas primeras ganas de coparticipar y cocrear con la naturaleza me doy cuenta de lo revolucionario de aquellas primeras e inocentes muestras de activismo. La cooperación y el amor a la Naturaleza siempre ha estado implícito en mi existencia, no por un asunto ingenuo de niñez o adolescencia, sino por una apertura hacia la consciencia y la urgencia de actuar.

Esa urgencia aún existe, y también las ganas de seguir siendo un activista que desea hacer de este mundo bueno, un mundo mejor. Ojalá todos los niños de nuestras ciudades pudieran un día subirse a un árbol, observar los pajarillos y cantar y sentir la necesidad imperante de ayudar en el proceso intrínseco de la vida. Esa es nuestra revolución pendiente y esta es la pedagogía necesaria.

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2 thoughts on “Cooperación y cocreación con la Naturaleza, la nueva revolución

  1. Puedes contar con mi pequeña ayuda. Tu proyecto me parece precioso y me alegra mucho que sea en mi tierra. En cuanto pueda (dentro de uno o dos días) te haré un ingreso en alguna de esas cuentas que nos has dado.

    Abrazos a los dos.

    Pilar F

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    • Gracias querida Pilar…
      Cualquier ayuda siempre es bienvenida, no importa si son cinco euros o diez. La utopía es difícil, es complicada, no estamos acostumbrados a esta forma de hacer las cosas, pero es necesario que empecemos a cambiar el modelo de cooperación, de interacción entre nosotros. Estamos ilusionados por la apuesta, arriesgada y valiente, pero nacida del convencimiento interior. Gracias de corazón…

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