Del materialismo al postmaterialismo: una crisis inevitable (y necesaria).


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Crisis o decadencia de un modelo. Quizás ambas cosas. Algo debió ocurrir en la revolución industrial. La gente abandonó el mundo rural y se amontonó en calles de ciudades que vieron un increíble desarrollo y crecimiento. Entre 1873 y 1890 hubo la gran depresión de aquel final de siglo. Luego vinieron otras. También hubo crisis en el sistema feudal, especialmente en el siglo XIV, y en las archiconocidas caídas de los imperios milenarios de la antigüedad.

Las crisis son inevitables. Nos ayudan a crecer, a reconsiderar el modelo y ajustar los sistemas al nuevo paradigma. En esta época estamos viviendo una decadencia del sistema materialista. Un modelo que ya no se sostiene por sus propias contradicciones, las cuales provocan catástrofes naturales de difícil cuantía. El cambio climático y el aumento de la temperatura del planeta entero quizás sólo sean un botón de lo que pueda llegar a ocurrir.

Por suerte la naturaleza se regenera y busca los mecanismos apropiados para volver a su estadio natural. La sociedad humana, convertida en peligrosa plaga que está poniendo en entredicho el equilibro natural del planeta, está ante un serio dilema no tan sólo de desarrollo, sino de su propia supervivencia.

Si el modelo materialista hace aguas, ¿cuál es la alternativa? En el libro “Apoyo Mutuo y Cooperación en las Comunidades Utópicas” recojo las tesis de algunos investigadores sociales como Ronald Inglehart y Christian Welzel, los cuales preconizan el cambio de modelo cultural y la secuencia del desarrollo humano. Profundizar en la democracia (véanse las teorías sobre la democracia profunda) y entender los nuevos valores que se expresaran en una edad postmaterialista nos da pistas sobre la base en la que deberá tejerse el nuevo modelo. Un modelo inevitablemente más ecológico y humano, de retorno al mundo rural donde las experiencias, más que las cosas, suplantarán la necesidad de consumo de bienes por servicios. La revolución postmaterialista de la que estamos siendo testigos reducirá inevitablemente la feroz aberración contra la naturaleza. Será inevitable que poco a poco, en los próximos cincuenta años, tomemos plena consciencia de la necesidad de cambio en nuestras costumbres y hábitos.

La crisis de cambio de paradigma, de decadencia de un modelo para abrazar a otro nuevo, nos está ayudando a tomar consciencia. Hay un reclamo optimista en todo ello, de adaptación, de profunda transformación interior e individual y también colectiva y social. Una nueva reconciliación con la Naturaleza, inevitable y urgente, a la que debemos dar inaplazable prioridad.

(Foto: El autor en O Couso, Galicia, verano de 2013. La vuelta a la vida rural es un proceso inevitable en los cambios del nuevo milenio. Lo que ahora parece anecdótico en un futuro será norma).

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