El sueño de la Montaña


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Ha sido un día duro, intenso. Tras atravesar toda Escocia, Inglaterra, Francia y algo de España, hoy ha tocado atravesar la península de norte a sur, de la intensa Barcelona a la calurosa Córdoba, en el mediodía andaluz. Doce horas intensas que han dispuesto un tiempo hermoso para profundizar en todo lo que se avecina.

Salimos antes de las nueve de la mañana y llegamos a eso de las nueve de la noche a la Montaña. Lo primero que hice fue reencontrarme con la casa que años atrás se había convertido en un proyecto hermoso. Cuando llegué a ella casi no podía reconocerla. Estaba medio enterrada entre maleza y árboles descuidados. El jardín se había convertido en un auténtico bosque asalvajado. Me llamó mucho la atención que las golondrinas, quizás por primera vez en muchos años, no habían anidado encima de lo que hasta hace poco fue mis grandes ventanales.

Sentí cierta tristeza al ver el paisaje desolador, y el comprobar lo que ocurre cuando el espíritu que mueve las cosas abandona un lugar. Ahí quedó la experiencia, la enseñanza, el conocimiento, el testigo de un camino errado, muerto, caduco. También quedaron los ahorros de una vida y los errores, y el como el gesto que dura un segundo puede aniquilar el esfuerzo de toda una existencia.

Sin embargo, tras ese gesto, algo nuevo nace. Y es la fortaleza, la certeza, el propósito, la seguridad de saber cual es el camino correcto, cual es el camino que no debemos abandonar. Esas experiencias traumáticas, trágicas, de pérdida y desapego, sirven para fortalecer el espíritu, para hacerlo grande y al mismo tiempo humilde. Sirve para templar la vida, para transformarla en un cúmulo de sentido, de experiencia y, por lo tanto, de cierta sabiduría.

Y la urgencia del vivir me recuerda esas cartas que desde ayer estoy recibiendo apoyando el nuevo reto, el nuevo propósito, la nueva esperanza. Ahora más generosa, más abierta, ya no como meta individual sino como algo colectivo, algo que nace para ser compartido y expresado de forma abierta. La vida en la Montaña sólo fue un aprendizaje en la columna del Mediodía. Ahora hay un inevitable tránsito hacia la columna del Septentrión. Y es allí donde el experimento continua para mayor gloria y tesón. Es allí donde el templo podrá completar la obra.

Esta bonita casa de diseño donde un día deposité todas las ilusiones y también todos los miedos, ahora sólo sirve de prueba palpable. Una prueba más en el Camino del Corazón, en el Camino del Alma que siempre es sabio y verdadero.

Mañana intentaré dar respuesta a las inquietudes surgidas sobre el proyecto utópico que ya está en marcha. La utopía es posible. Es hora de experimentarla, de apretarla entre nuestras manos y hacerla tangible y viva. Nuevas golondrinas volverán a anidar nuevos tejados, ahora más amplios y acogedores. Sigamos caminando…

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