De vuelta…


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Existen muchos motivos para sacrificar la vida fácil a favor de la experiencia que nos ha de acercar aún más a nuestro particular camino. Incluso existen motivos suficientes para intentar acomodar la realidad a los requisitos de ese Camino, inmolando prioridades para que el largo plazo resulte potencialmente enriquecedor.

Tres días de viaje, primero atravesando toda Escocia e Inglaterra y luego dos días para atravesar toda Francia por las interminables nacionales que intentaban evitar los abusivos peajes y que a cambio nos regalaba la visión profunda de un país hermoso y aparentemente ordenado y cuidado. Ayer hicimos parada obligatoria en la Comunidad de Taizé, en la Borgoña francesa, donde pasamos unas horas orando con sus cantos y los miles de visitantes que estos días pasan allí su particular semana de experiencia. Acostumbrado a cantar en pequeños grupos, ayer fue emocionante ver a tantos miles de jóvenes en el modesto pero inmenso templo de Taizé orando y cantando tras un mismo mensaje de paz y unión fraternal.

Nos dio tiempo a visitar, a pocos kilómetros, la antigua e importante, en sus días, abadía de Cluny, la cual, en un tiempo memorable, fue cuna de una gran influencia intelectual y espiritual en Occidente, sosteniendo bajo su mandato a más de dos mil prioratos. Cuando hace años visité por primera vez estos lugares pude sostener cierta analogía entre la antigua influencia en el mundo espiritual de la Orden de Cluny y la ahora adoptada por la Comunidad de Taizé en el nuevo mundo espiritual. Es como si Taizé fuera una reminiscencia de la antigua Cluny que vuelve a manifestarse y a congregar a unos nostálgicos monjes vestidos de modernidad.

Curiosamente, siguiendo el hilo de las sincronías, en la Comunidad de Findhorn, donde todos los días sin excepción se cantan los cantos de Taizé, existe un lugar llamado Cluny, que fuera anteriormente palacio victoriano, hotel y ahora parte anexa de la comunidad. Allí he pasado todas estas últimas mañanas, trabajando en la cocina de la comunidad y aprendiendo la importancia de trabajar en paz y armonía.

Repasaba todo esto mientras llegábamos esta noche a la Costa Brava, casi exhaustos, cansados pero con muchas ganas de seguir adelante. Mañana de nuevo viajes y más viajes. Esta vez a Córdoba, donde iré a llevar a mis padres que pasarán en la casa familiar un mes de descanso. En un par de días regreso a Madrid y a seguir empujando a la vida hacia sus misterios más recónditos. Seguiremos vestidos de modernidad, aunque por dentro llevemos ese monje que trasgrede el tiempo y se reúne con sus hermanos época tras época.

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