EL ÁRBOL MAESTRO


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A las siete cincuentainueve el autobús ya estaba arrancando para salir exactamente a las ocho, ni un minuto más ni un minuto menos. La famosa puntualidad inglesa también es extensible a Escocia. En pocos minutos llegamos a Cluny, una de las extensiones de la comunidad. Desayunamos algo y nos fuimos cada uno a nuestro departamento de servicio.

Antes de empezar el trabajo en la cocina, hicimos un círculo donde nos presentamos cada uno a su manera para luego, estrechados con las manos, dar gracias por la oportunidad de servir y agradecer la compañía y las fuerzas del mundo angélico. Ese pequeño ritual que ya experimenté hace seis años pretende inspirar una nueva forma de trabajar. Y lo cierto es que lo consigue. Me imaginaba haciendo este mismo gesto en todos los trabajos, en todas las empresas, instituciones y organismos. Sentarse en círculo simplemente para dar gracias mirándonos a los ojos e invocar la inspiración correcta para el trabajo correcto. Ese simple gesto diario sería una revolución en el trato existente en las empresas y en la forma de trabajar de sus miembros.

Así que mientras preparábamos ensaladas, pasta y otros manjares con productos recién recolectados de la huerta de la comunidad, sentíamos que ese alquimia en la cocina tenía un algo especial. Al terminar el trabajo, cerramos de nuevo el círculo para agradecer esa oportunidad de servicio y de presencia con el espíritu uno, con la belleza de poder participar en la cocreación universal.

Tras comer en el lujoso hotel convertido en comuna, cogimos de nuevo puntualmente el autobús que nos llevó al centro de la Comunidad. Sin tiempo para nada, hoy tocaba dinámicas de grupo que nos haría transformar nuestra percepción interior y exterior. Algunos lloramos, otros reímos, otros se mostraban felices y radiantes, otros tímidos al principio y plenos al final. Lo importante era crear el ágora grupal, el sentido uno más allá de nuestras percepciones y personalidades. La dinámica lo consiguió.

A las seis cena y de nuevo nuevas charlas y experiencias. Una muy bonita ha sido la intervención de una mujer muy especial, sensible hasta el extremo y con una conexión indescriptible con el mundo de la naturaleza. Con sencillez y naturalidad y un rostro totalmente angélico nos ha hablado de los devas, de las fuerzas de la naturaleza y de la importante conexión que el ser humano debería forjar en cuanto formamos parte de ese ciclo de vida que todo lo envuelve. Nos ha hablado de lo que llama el árbol maestro, esos árboles viejos habitados por espíritus especiales y que protegen a todo un bosque con sus raíces y su extrema aura.

La charla ha sido tan inspiradora que nos hemos marchado al bosque a dar un paseo y allí hemos disfrutado con los conejos y un hermoso ciervo que se ha cruzado entre las dunas y los árboles. Una bonita despedida para un bonito e intenso día. Ahora es media noche en punto y toca cerrar los trabajos. Mañana habrá más y mejor.

(Foto: Conversando con algunos miembros de la Comunidad).

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