La técnica de la presencia


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Resulta difícil vivir la vida ignorando, como muchas veces se hace, a la propia vida. Estar presentes no es fácil. Nos levantamos de forma autómata sin ser del todo conscientes de que existimos, de que estamos vivos. Es un tema recurrente, necesario abarcar, para ir marcando el poso en la consciencia. Lo es porque resulta cada vez más difícil estar aquí y ahora sin perder el norte de lo que somos. Lo es también porque muchos aún no hemos intuido o no sabemos lo que somos.

Vivir en la ilusión placentera del día a día, con sus preocupaciones diarias, con sus miedos a la hora de afrontar nuestra carga semántica, nuestro vocablo abyecto, nuestra desidia por todo, tiene sus márgenes de lucidez. Hay que aprovechar esos atisbos, esas ráfagas de luz que a veces nos atraviesan para condensar en ese instante el impulso necesario para hacer aquello que justamente debemos hacer.

Detrás de la escena del devenir diario existen unos propósitos, unas intenciones que marcan el rumbo de nuestras vidas. Siempre vivimos ajenos a esos estímulos que nacen de lo profundo, a esas metas que nos llevan por caminos la mayor de las veces increíbles. A veces sentimos la incredulidad de seguir más allá, de apostar más allá, de bucear y profundizar más allá.

Pero la vida nos puede. La depresión nos puede. La responsabilidad nos puede. La tristeza nos puede. El tedio nos puede y guía nuestros pasos autómatas. ¿Por qué nos sentimos así de pesados e inertes? La razón es porque no habitamos en la Presencia, es decir, no habitamos en nosotros mismos, y por lo tanto, ignoramos la realidad profunda de todas las cosas y la realidad profunda de lo que somos.

¿Cuándo vamos a empezar a explorar lo que somos para entrar de lleno en la vida? ¿Cuándo vamos a interrogarnos sobre nuestro propósito vital? ¿Y sobre el propósito de la existencia entera? ¿Aún no sentimos curiosidad por el misterio de un amanecer o el tierno balanceo del aire y su susurro? ¿Nadie es capaz de despertar a la consciencia cuando le roza el aleteo de una mariposa o el beso de un ser amado? ¿Aún no somos capaces de estremecernos ante tanta belleza y ver en nosotros esa extrema perfección?

La técnica de la presencia consiste precisamente en pararnos y ver en lo cotidiano, constantemente, la increíble expresión de vida y la maravillosa existencia danzando a cada instante. Cuando lo hacemos, empezamos a saber quienes somos y empezamos a caminar felices, muy felices, por el extremo superior de nuestro verdadero camino, sintiendo nuestro verdadero linaje interior y la expresión del mismo ante las maravillas de la vida. Cuando estamos presentes, de alguna forma intuimos quiénes somos y empezamos a obrar en consecuencia.

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