Conduciéndonos hacia un propósito mayor


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Sólo cuando los cimientos están correctamente construidos se consigue que la superestructura reúna las condiciones requeridas. A veces, antes de que esos cimientos se hayan asentado fuertemente y arraigado a una roca firme pueden pasar años, muchos años.

Los placeres, los anhelos materiales, el sabroso sabor de la satisfacción personal, la complacencia sobre las aspiraciones más burdas… Hay una lista inmensa de fragmentos de nuestra vida que desembocan en ofuscaciones y juicios que nacen de la docilidad a la hora de satisfacer nuestros miedos y nuestra sensual comunicación con la existencia. Todo este cúmulo de emociones nos alejan de ese principio superior que nos hace humildes ante el estímulo de crecer humanamente, con altos ideales, con aspiraciones que superan nuestro interés particular, parcelario y egoísta.

Es difícil atravesar esa frontera, conectar con la esencia vital de eso que es mayor que nosotros y ceder a su Camino, a su irremediable consecución. Uno puede estar años construyendo la base ideal. Años de angosto trabajo para culminar una firmeza irreductible sin que a simple vista se vea resultado alguno. Pero una vez está la base bien construida, el resto de la casa se asentará fuerte y rápidamente sobre los cimientos. Surgirá de repente y de la nada la grandeza de la paciencia y el tesón, de la humildad y el esfuerzo.

Esos cimientos son la fortaleza interior, el no dejarnos arrastrar por la confusión, por el egoísmo, por la ignorancia y la credulidad, por el juicio o el prejuicio, por la vanidad y la pereza, por la desazón y inconstancia. Cuando eso se ha conseguido, cuando nos convertimos en una roca firme, empiezan a levantarse los tabiques, las paredes de los altos ideales, de la generosidad, de la humildad, del amor, de la compasión hacia todas las cosas.

Y ese alto ideal nos arrastra necesariamente hacia una nueva vida, hacia un nuevo renacer, hacia una nueva luz. Un nuevo sendero se apodera de nuestra existencia toda para llevarnos a la consecución de algo increíble y diferente. Lo que antes parecía una utopía ahora se torna una realidad bella y tangible. Lo que antes parecía un imposible ahora se vuelve tierno y dócil. Ya no nos interesa lo burdo, lo torpe, lo vanidoso. Ya no llevamos grandes relojes ni viajamos en potentes coches. Ya sólo nos interesa, como aquellos pescadores de hace dos mil años, dejarlo todo y seguir el Camino, la Verdad y la Vida, la verdadera Vida, que no es otra que la de convertirse en pescadores de almas, en seguidores de esa luz misericordiosa y bondadosa, de ese amor incondicional hacia todas las criaturas sintientes. Ese propósito mayor requiere de una gran confianza y fortaleza interior, porque el Camino, la Verdad y la Vida son sagradas razones para terminar nuestros días ante un apasionante viaje cargado de increíbles pruebas. Ya queda poco para que la Utopía se convierta en Creación. Ya queda poco para atravesar el sendero estrecho y sacar la cabeza hacia el otro lado.

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5 thoughts on “Conduciéndonos hacia un propósito mayor

  1. Me he sorprendido al leer que Luna necesitaba leer algo así :)… entraba toda decidida a darte las gracias por tu escrito. He dejado tu artículo para lo último, para saborearlo y releerlo… y lo cierto es que yo también necesitaba leer algo así. Viene a juego con el día, con todo lo sucedido hoy.
    Estamos conectados, no hay más
    🙂 Abrazos “pa tos”

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