El día del Exceso


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¿Cómo construir una casa iluminada para morar en ella? La ONG Global Footprint Network mide con datos precisos la huella que el ser humano ejerce en el planeta. Sus datos suelen ser alarmantes. Por poner sólo cifras del año pasado, y según ellos explican en su informe anual, desde el 22 de agosto de 2012, la humanidad vivía a crédito. En los primeros ocho meses del año, los seres humanos agotaron la totalidad de los recursos que la Tierra es capaz de producir a lo largo del año. El 22 de agosto se alcanzó lo que Global Footprint Network llama el “Global Overshoot Day”, es decir, “el día del exceso”.

Esto no nos dice nada nuevo, pero sí algo en lo que debemos pensar continuamente, constantemente, con humildad e inteligencia: vivimos a crédito. Y no me refiero a crédito financiero. A crédito con los recursos de la naturaleza que año tras años menguamos y reducimos a la mínima expresión.

La Naturaleza siempre tiende a reaccionar ante las plagas. Ya sea con virus, con catástrofes naturales, con guerras. En los últimos años no estamos haciendo nada para combatir nuestros propios excesos y vivir en paz con el ecosistema. No alcanzamos la consciencia humana y global suficiente para poder apostar por una forma de vida diferente y tenemos, por más que nos pese, una forma de vivir semejante a la de las plagas que todo lo destruyen. Somos la plaga del planeta.

Algunos individuos, tal y como explico en el libro “Apoyo Mutuo y Cooperación en las Comunidades Utópicas”, están haciendo una apuesta sólida y contundente para cambiar el ritmo de vida y la convivencia comunitaria. Del individualismo egoísta pasan a una convivencia en comunidad totalmente armonizada y ecológica, con una sensibilidad y una conducta ejemplar en cuanto a la gestión de los recursos para la propia supervivencia de la especie y del planeta.

Pongamos un ejemplo práctico de la vida cotidiana. En una comunidad de 20 vecinos cualquiera de un barrio cualquiera de una ciudad cualquiera existen veinte unidades de casi todo. Veinte lavadoras, veinte secadoras, veinte taladradoras de agujeros, veinte o más vehículos, etc. En una ecoaldea de 200 habitantes, sólo existe una o dos taladradoras, un par de vehículos, algunas bicicletas, algunas lavadoras y algunas secadoras. El consumo de cosas es mínimo porque no necesitamos realmente poseer materialmente, por ejemplo, una taladradora que a lo mejor usamos una o dos veces en la vida.

La irracionalidad de nuestro modelo de vida, de nuestra forma de vida necesita de una revolucionaria visión y de una apuesta radical de nueva convivencia. ¿Cómo lograrlo sin que la madre Naturaleza acabe con la que ya es una de las mayores plagas de la historia del planeta Tierra? Debemos actuar con radical urgencia, como individuos y como sociedad, creando modelos alternativos de convivencia y modelos alternativos de pensamiento y conducta. Sólo la conducta radicalmente opuesta a la que tenemos podrá salvarnos.

Desde hace unos años, junto a unos amigos, estamos preparando el asalto a este modelo diferente de vida. Es una apuesta consciente y radical no sólo para cambiar nuestro modelo de vida, si no también para servir de ejemplo a otros pioneros que deseen dar un cambio cuántico en su devenir. En unos días os daremos más información y más detalle de esta radical apuesta por si tenéis interés en participar en ella de alguna manera.

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