Dar más fuerza al sol


 CORAZONDELUZ

Los ciclos de la naturaleza nos hablan sobre la impermanencia, sobre el continuo cambio en el que vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser. El solsticio nos recuerda que a partir de ahora, los días empiezan a ser más cortos y el astro Sol pierde fuerza y luz. Es por eso que en la antigüedad se encendían hogueras para revitalizar al sol, para que no se apagara en su menguante huida hacia el invierno.

Este solsticio está resultando algo extraño. Las hogueras de San Juan ya están preparadas. Sólo falta prender la mecha y que lo antiguo, lo pasado y lo caduco se limpie, sea depurado por el fuego. Sin embargo no siento calor. Ahí está la Costa Brava, fronteriza con el sur de Francia, pausada, con las mujeres y sus rebecas y los hombres aún con algo que les proteja de la fresquita o la tramontana. Ayer incluso llovía y tuvimos que ponernos el chubasquero cuando fuimos a pasear.

Sea como sea toca limpiar. Por dentro y por fuera. Depurar, dejar espacio para que algo nuevo pueda entrar. Para eso se hacían las hogueras. No sólo para dar la bienvenida a la nueva estación y dar más fuerza al sol. También para arrojar a las llamas lo caduco.

Pero, ¿realmente lo hacemos? ¿Arrojamos a las llamas esas rancias sillas de más de cuarenta años? ¿O esa oscura ropa de colores opacos y muertos? ¿Somos capaces de deshacernos de las viejas rencillas, de los antiguos patrones, de aquellos celos, de aquella rabia, de aquel tormentoso recuerdo, de aquella frustración o promesa incumplida?

¿Hemos sido capaces de depurar nuestros cuerpos, de limpiarlos? ¿Nos hemos sacudido por dentro y por fuera expulsando de nosotros esos demonios que nos acompañan día y noche? Miremos nuestras casas y luego miremos nuestro interior. ¿No somos capaces de ver esas cosas que están esperando ser arrojadas al calor de la brasa?

De alguna forma estamos vinculados a los ciclos de la naturaleza, y también al Sol. Llevamos impresos en nuestro interior un sol que irradia luz a nuestro entorno. Un sol que a veces se debilita o se refuerza según la estación de nuestras vidas, según nuestro combustible interior, según seamos capaces de prender la mecha y hacer arder todo lo caduco en esa hoguera simbólica que nace en la cueva del corazón. De ahí la necesidad de limpieza constante, de renovación constante, de fluir con los ciclos y con la demanda cósmica y planetaria. De ahí la sutileza de estar conectados a la llamada no sólo de nuestro interior, si no a la que nos enlaza con el resto de las criaturas sintientes, el resto de universos y dimensiones posibles. Acercar la mirada al rito es acercar la mirada a la profunda enseñanza del cambio. Por eso toca sacar todo lo añejo y sucio y quemarlo en las brasas del fuego purificador. Por eso toca dar más fuerza a nuestro universo interior, a nuestra luz y a nuestro sol interno.

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