El cansancio de todas las civilizaciones


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Hay días que nos sentimos cansados, muy cansados. No es un cansancio físico, ni vital. Es algo mayor. Es como si el cansancio de todas las civilizaciones, de todas las existencias, de toda la especie humana se ciñera sobre nosotros. Nietzsche lo llamaba el gran hastío. Algo así como un agotamiento metafísico que llega ante la impotencia de todo lo que hay por hacer, y la poca voluntad existente por mover un solo dedo ante el reto que se nos presenta como especie.

En estas fechas en las que el linaje de los embusteros parece no dar tregua, algunos se ríen ante esos grandes titulares donde aparece el escándalo de escuchas y países enteros espiados por vete tú a saber qué mecanismos de seguridad. ¿Pero acaso alguien lo dudaba? Y no en Reino Unido o Estados Unidos, ocurre en todas partes, a todas horas. Puedo dar fe y testimonio porque de alguna forma participé en esas siniestras entrañas del Leviatán. Pero os aseguro que eran otros tiempos.

Vivimos en un mundo mentiroso, de seres débiles que frecuentan la moralina del resentimiento. Realmente todo este mundo, este imperio que hemos creado y cuyos cimientos están carcomidos por la podredumbre no tiene muchos atisbos de futuro. A no ser que creamos fielmente en la espera, en la esperanza, o en la acción irremediable de la rebeldía metafísica, y todos, absolutamente todos, nos volvamos de repente seres profundamente espirituales, despiertos, vivos, responsables y comprometidos con nuestra raza humana y con nuestra madre naturaleza.

Pero esta es la descripción pesimista de un mustio y consternado melancólico que asume su rol de indignado cuando se da una vuelta por el mundo, lejos del paraíso del laborioso trabajo de lo armónico. ¿Qué ocurre ahí fuera, cuando asomamos tímidamente la cabeza lejos de la quinta dimensión donde habitan ángeles y devas?

Ocurre que dentro del horror de todo lo que pasa calladamente en los barrios que viven ciegos a la macilenta realidad, a veces nacen flores entre el asfalto, o se escucha el tímido y leve silbido de un gorrión o podemos contemplar la sonrisa abierta de un recién nacido. Y entonces nos acordamos de la esperanza, de la regeneración que nace de lo podrido y lo muerto y de la vida que retorna una y otra vez, día tras día, vida tras vida, galaxia tras galaxia.

Por eso el cansancio del que hablábamos antes podrá ser digerido en cuanto volvamos a salir a la calle y nos reencontremos con el infinito anhelo de la existencia. ¿Estáis cansados? Dormid, desconectad la máquina, respirar profundamente y buscad vuestra flor en el asfalto. Mañana vendrá el nuevo día cargado de esperanza, de espera, o de acción irremediable…

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5 thoughts on “El cansancio de todas las civilizaciones

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