Cuando la luz se precipita


 Image-1

Cuantos hombres se precipitan hacia la luz, no para ver mejor, sino para brillar”.  Friedrich Nietzsche

Cuando algo está destinado a suceder, inevitablemente sucede. A veces nos extrañan los tiempos, los espacios. Lo que ahora está sucediendo estuvo a punto de suceder hace unos siete años. Era en el mediodía, y no en el septentrión, como ahora. Hace no mucho recuerdo que le dije a un amigo: intuyo que debo hacer un periplo hacia el norte. Aquella intuición, que no entendía, está tomando forma ahora de forma precipitada.

Las cosas se precipitan cuando le ha llegado su hora. Es como si un bidón de agua se hubiera llenado gota a gota y de repente, la última hace que el bidón se vuelque y se derrame todo su contenido. Eso parece estar ocurriendo estos días.

La luz, eso que tanto nos gusta llamar luz, no es más que un halo de lucidez, de sentido, de misión, de propósito, de vértigo existencial ante la existencia ineludible de aquello para lo que hemos sido creados. Cuando palpitamos con ese sentido, con ese esplendor de los adentros, cuando resonamos con ese propósito mayor al que servimos en silencio, ya no podemos mirar hacia ningún otro lugar. Se ha precipitado la luz y ahora sólo debemos cumplir con nuestra parte. Pero no es un deber obligado, más bien vocacional, inspirado en el don de sabernos partícipes del baile celeste, cocreadores del mundo que nos envuelve, amables servidores de la belleza, del saber, del amor.

Eso es la luz, esa es la luz que queremos precipitar y para la cual estamos preparados. Ya no hay excusas, ya ha llegado el tiempo y ya se nos ha puesto, en el mágico septentrión, el espacio para consumarlo. En la pira de lo sagrado, ya está todo dispuesto. Es hora de brillar.

Anuncios

2 thoughts on “Cuando la luz se precipita

  1. Corona (Paul Celan. Tr. José Ángel Valente)

    En mi mano el otoño come su hoja: somos amigos.
    Extraemos el tiempo de las nueces y le enseñamos a caminar:
    regresa el tiempo a la nuez.

    En el espejo es domingo,
    en el sueño se duerme,
    la boca dice la verdad.

    Mi ojo asciende al sexo de la amada:
    nos miramos,
    nos decimos palabras oscuras,
    nos amamos como se aman amapola y memoria,
    nos dormimos como el vino en los cuencos,
    como el mar en el rayo sangriento de la luna.

    Nos mantenemos abrazados en la ventana, nos ven desde la calle:
    tiempo es de que se sepa,
    tiempo es de que la piedra pueda florecer,
    de que en la inquietud palpite un corazón.
    Tiempo es de que sea tiempo.

    Es tiempo.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s