No hay momentos ordinarios


 ordinario

El estar presentes en el aquí y el ahora te da una idea de la importancia del vivir. Puedes respirar y hacer de ese instante un momento único e irrepetible. Sentir a corazón abierto todo lo que te rodea, cualquier detalle por mínimo que sea. Respirar y dar gracias por estar vivos, por ser partícipes de este ciclo maravilloso, por expandir con nuestra presencia el propósito universal de la vida.

Todos los momentos tienen la oportunidad de ser extraordinarios. Cuando te levantas y abrazas al nuevo día, sonriendo y dejando que la luz entre por las ventanas. Cuando desayunas en buena compañía, o en silencio, provocando que el organismo se desperece mientras disfruta de los alimentos. O en ese paseo mañanero en el que compartes con la brisa y el susurro de todo cuanto existe tu pasar por la existencia.

Si pudiéramos tener la capacidad de hacer de cada momento algo extraordinario la vida sería un cúmulo de paz y sensatez. Las preocupaciones dejarían paso a las ocupaciones más diversas. El trabajo se convertiría en una oportunidad para estar más presentes, más en consonancia con ese destino que elegimos a cada segundo.

La vida es sorprendente cuando dejamos que nos penetre, que nos preñe con su sabiduría y su tacto, cuando la respiramos con la intención de sentirla en cada poro de nuestro cuerpo. La sensibilidad que desarrollamos ante su presencia nos hace sensibles y humanos, dóciles ante las pruebas de la vida, pacientes ante los retos de la existencia. Aquello que antes nos parecía doloroso ahora se convierte en un reto a explorar, en una enseñanza, en un aprendizaje.

Esta toma de consciencia con lo que es real nos produce una sensación de limpieza y levedad interior. Empiezan a sobrarnos las cosas y aquellos rincones oscuros, cargados de materia gris, pasan a despejarse, desaparecen o son sustituidos por claridad, por luz, por belleza. De repente nos entra una necesidad de limpiarlo todo, de despejar el camino de dudas y miserias, de buscar espacios limpios, claros y nítidos. Empezamos a crear puntos de luz allí donde antes había oscuridad y cerrazón. Miramos alrededor y observamos como nuestros propios hogares se habían convertido en cúmulos de objetos, en rincones baldíos, fríos y cargados de cosas inútiles. Y cuando empezamos a reciclar todo eso, a despejarlos, sentimos como todo se ilumina por dentro y por fuera. Ahora disponemos de más espacio para que entren nuevas oportunidades. Para que la vida se renueve de nuevo, constantemente.

El estar presentes en el aquí y en el ahora nos aporta la oportunidad de abrir nuestros canales interiores al flujo constante de vida, de luz, de amplitud. Lo añejo muere y el futuro deja de preocuparnos. Ya solo queda el tiempo presente y la ocasión de vivirlo con intensidad, con humor, con paradoja, navegando en el cambio constante, adaptándonos al fluir emergente.

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One response to “No hay momentos ordinarios

  1. Gracias por compartir estas palabras, estos pensamientos. Tenemos que pararnos y pensar realmente la suerte que tenemos por lo que somos y por lo que tenemos. En estos momentos de mi vida, me hacen reflexionar y valorar muchas cosas que paso por alto. Un saludo

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