Eludiendo la consciencia del sí mismo


cosmos 

Sólo se puede conocer lo mejor de uno mismo a través del conocimiento de lo mejor del otro“. F. Cheng

Ayer hablábamos de la consciencia de la unidad, de la importancia de anular la falsa percepción parcelaria del yo como algo aislado e individual. Esta idea rompe de cuajo con la idea de tener autoconsciencia, o consciencia del sí mismo. Esto crea un sentido profundo de desapasionamiento y desapego total hacia el yo, hacia la individualidad que falsamente nos protege de nuestros miedos y aflicciones, de nuestros continuos sufrimientos.

La visión penetrante, la correcta consciencia no estaría pues enmarcada en el nosotros haciendo algo, sino en el hecho en sí, en la unidad de la acción en sí. No debemos concentrarnos y tener consciencia, por ejemplo, en el acto de vernos andar. Sino en la acción misma del andar. Si comprendemos que no somos seres aislados, sino que formamos parte de una unidad, ya no importa en exceso lo que hagamos, pensemos o sintamos como individuos. Lo importante será sentir y pensar como Unidad. Actuar según el propósito mayor de esa unidad. Al hacerlo, desaparece la división y la crítica, el sufrimiento y el dolor personal, y nace el desapasionamiento y el desapego.

Es por eso que para muchos místicos de todos los tiempos no hay mayor gozo que el de servir a los demás. Ese misticismo se está haciendo común y ordinario pues cada día hay un mayor número de personas que abraza esa unidad en todo lo que hace, comprendiendo que cuando se trabaja y se busca el bien común, el beneficio de todos, se está actuando según el flujo y corriente de esa fuerza mayor a la que pertenecemos y tenemos nuestro ser. La entrega voluntaria hacia los demás no nace de un don especial, sino de una obligación común que nace como consecuencia de la consciencia unitaria. Cada uno en su vida normal, en nuestros trabajos, en nuestros hogares, recuerda ese principio de cooperar con el universo, con la vida, con la consciencia, con el otro.

Por eso cuando meditamos ya no lo hacemos para ser mejores, sino para dejar que lo mejor del mundo se manifieste en nosotros. Y cuando oramos ya no lo hacemos con la intención de recibir algo para nosotros, algo que pueda aliviar nuestros dolores o sufrimientos, sino que lo hacemos con la intención de mostrarnos predispuestos a ayudar a los demás y a servir para paliar los sufrimientos ajenos. Ya no buscamos perfeccionarnos, ni hacer de nosotros, seres buenos, seres mejores, sino que humildemente entregamos nuestra vida a esa esfera mayor para convertirnos en instrumentos de esa perfección mayor que existe en la unidad de las cosas. Cuando humildemente nos inclinamos a esa idea, las cosas mejoran en nuestra vida, pues hemos captado la esencia de nuestra más profunda existencia.

Siendo así, existe un pensamiento revolucionario que anula la posibilidad de autoconsciencia, de autorealización y autoiluminación. Si formamos parte de la Unidad, ya no tenemos ninguna necesidad de llegar a ninguna meta individual, puesto que nuestra meta se convierte en un continuo Camino hacia el programa universal. Ya no hay prisa por aspirar a ser un Buda o un Cristo, seres perfectos, sino que esperamos pacientes y con entrega a que el Buda y el Cristo y la perfección se manifiesten en nosotros cuando sea el justo momento. Ya no hay una intención de mejora, sino que nos olvidamos de nuestro “yo” y nuestras imperfecciones para abrazar la perfección del Cosmos, del Absoluto.

Cuando humildemente nos entregamos a esta idea e inclinamos respetuosamente todo nuestro ser a esta causa, la felicidad y el gozo asoman a raudales en nuestro interior y el sufrimiento y el dolor que nos aflige, las preocupaciones de lo cotidiano, pasan a un tercer plano. No hay mayor gozo y felicidad que servir a la humanidad y ser soldados del ejército angélico, aquel que mantiene a flote el amor y la buena voluntad, la fe y la esperanza en un mundo mejor. Centrar nuestra atención en eso es despejar nuestro camino de obstáculos y dolor.

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2 thoughts on “Eludiendo la consciencia del sí mismo

  1. Reconozco que tu evolución en el vivir y el sentir es increíble, como viviendo intensamente dejas de lado el pensar. Para hacerte consciente, que la vida, el conjunto universal de todas las cosas, es mucho, mucho mas que cualquier partícula limitada de ego, o personalidad con que nos identificamos.

    Realmente ya lo somos TODO, no hace falta ir a buscar una meta, o buscar algo. Si ya somos ESO, que tu describes tan maravillosamente en tu escrito.

    Un fuerte abrazo.

    Javier

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  2. Fíjate Javier que ayer de momento me vino una de esas ideas relámpago que nos cruzan a veces. Algunos por educación religiosa siempre hemos estado en ese empeño de primero los otros y luego tú y la idea que me cruzó ayer es que si nosotros somos parte de esa unidad,, cuidar de nosotros es cuidar de todos.
    Un abrazo.

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