De vuelta a la crisálida


sueño

Qué extraña la sensación de vuelta a Madrid. Especialmente cuando en el metro o en las calles de Malasaña algunos antiguos combatientes nos veían las pintas, con el bastón y la concha colgada a nuestras mochilas y nos decían alegres y emocionados el grito de guerra: “¡Buen Camino!”

Sonreíamos emocionados, como si aún estuviéramos en el Camino, como si aún pudiéramos sentir esa sensación de calor humano. Fue increíble como percibíamos los olores de la ciudad y de las gentes, de sus perfumes y sus alientos. Las luces, los coches, la brisita de la noche cargada de música y alegría. Todo parecía exagerado en comparación al silencio continuo del Camino, interrumpido tan sólo por el despertar mañanero de los pajarillos y los animales que nos íbamos encontrando a casa paso.

Ayer noche, cuando entramos en el zulito, en la crisálida que estos meses me ha envuelto en encanto y recogimiento, fue como entrar a otra realidad, a otra dimensión. Laura no encontró billetes para volver a Barcelona por la mañana así que decidió hacer un trueque mínimo. Ella me acompañaba unos días a Madrid y a cambio yo pasaba unos días en su casa de Cadaques. Acepté encantado porque así parece que las estrellas quieren que sea. Fluimos sin pensar en nada, dejándonos llevar por las señales continuas que aparecían una y otra vez por los recovecos sigilosos. Pero cuando salimos del tren en Chamartín y empezamos a andar por el metro y por las calles de Madrid nos mirábamos extraños, como si no nos conociéramos, o como si todo lo demás perteneciera a la plasticidad de un inolvidable sueño. Pero todo parecía indicar que era real. Mirábamos el bastón que veinte días atrás arrancamos de una ribera y nos ayudó a avanzar y ese trozo de palo nos conectaba de inmediato con la realidad del sueño.

Y hoy ha sido un día de reconexión con esa realidad paralela que dejamos atrás. Con el trabajo, con la rutina, con mil cartas y cientos de mails por contestar, con trabajo acumulado que no pude satisfacer en mi ausencia, a pesar de que hacía lo que podía por mantener a flote la actividad empresarial y editorial que tantas horas necesita al día. Ahora toca revolverse en esta realidad sin olvidar la otra, la del Camino, la de la esencia vital que tan conectados nos mantenía al otro lado.

La aventura continua. Esperan unos meses de mucho trabajo y puesta al día. También de muchas aventuras que aguardan respuesta. Viajes que han de llegar porque este año es un año de viajes y experiencias, que es al trato que llegué conmigo mismo a cambio de no tener nada. Cambiar cosas por experiencias ha sido lo mejor que he hecho en mi vida. Y ahora que consigo mantener esta disciplina vital, debo entregarme a ella. Las cosas están bien, pero las experiencias enriquecen mucho más al alma. Y es al alma al que deseo constantemente satisfacer, cueste lo que cueste. Y el ego aprende a inclinarse siempre ante el alma con humildad, con ausencia de dolor, con disciplina. Y entonces ya no quiere nada para sí, y todo lo entrega a la causa, al propósito del alma, que no es otro que el amar a la vida y a todo lo que pueda expresarse en ella.

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2 thoughts on “De vuelta a la crisálida

  1. Enhorabuena! He seguido tu camino, he compartido emociones, despertado recuerdos y sentido anhelos… Ahora, Buen Camino y Buena Vida, compañero.

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