Día 35. SANTIAGO-MADRID


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Toda muerte tiene su resurrección. Esa es la sensación que tenemos mientras contemplamos los campos de Castilla desde el tren que nos lleva de vuelta a casa. ¿A casa? Esa es la paradoja de este momento. Sentimos que nuestra casa es el Camino, es la libertad de no pertenecer a ninguna parte, de ser libres en cada instante presente, en cada átomo de vida que recorría nuestros cuerpos y almas a cada paso.

No sabemos qué ocurrirá en los próximos días. Pero por las sensaciones que arrastramos podemos intuirlo. Ya nada es igual. Ya nada se ve de la misma forma. Este plano de visión, de apertura hacia esa realidad, hacia ese sentido y propósito, hacia esa responsabilidad de seguir adelante en el Camino de la luz, la vida, la verdad, no tiene vuelta atrás. ¿Cómo volver atrás cuando has catado ese grado supremo de despertar?

Esta mañana, cuando asistíamos a la misa del peregrino allá en la tumba del apóstol sentíamos algo especial. Llorábamos de nuevo de emoción y alegría, pero no de una forma sensiblera, sino desde un corazón amable que se endulzaba ante los presentes invisibles. Tocábamos las piedras del templo, del gran sarcófago que alguna vez se hizo en nombre de la fe. Podíamos viajar en el tiempo hasta el mismo instante en que se tallaba cada piedra. Veíamos el cincel y el martillo, veíamos la piedra pulida y como era encajaba perfectamente en el templo espiritual humano. Nosotros nos sentíamos también piedras vivas de ese templo interior, de esa fe irracional que nos aproxima a la esperanza y la compasión, al respeto y veneración por la vida.

Hicimos nuestro último caminar desde la catedral, desde la Puerta del Misterio hasta la estación de tren. Y nos preguntábamos: ¿hacia donde nos conduce este tren? Quizás tan sólo hacia una pausa. Hacia un descanso en las posaderas del alma. Hacia los asientos del Camino Viejo donde deberemos reflexionar sobre todas las cosas y todos los misterios.

Ahora, tras la prueba de la tierra, del agua y del aire viene la prueba más dura, la del fuego. La prueba del espíritu que se manifiesta potente para transportarnos hacia el río de la vida. Nuestro sueño es abrazar el estadio angélico, ese que tanto hemos sentido en estos días. Un estadio de compasión continua, de amor hacia todos los seres, de expresión de felicidad y alegría, de fe y esperanza. Haremos todo lo posible para permanecer en ese estado de gracia y compartirlo en todo lo que podamos. Ese es nuestro sueño. Hacia él viajamos en estos momentos.

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5 thoughts on “Día 35. SANTIAGO-MADRID

  1. “Una vez visitada la tumba del Apóstol, los Peregrinos se encaminaban a Finisterre y quemaban sus ropas, en señal de Purificación, arrojando las cenizas al mar…”

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  2. “Haremos todo lo posible para permanecer en ese estado de gracia y compartirlo en todo lo que podamos. Ese es nuestro sueño. Hacia él viajamos en estos momentos”.

    ¿Se puede decir más?

    ¡Gracias por vuestros deseos de compartir!

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