Día 34. SANTIAGO DE COMPOSTELA. ¿FIN DE CAMINO?


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Tras algo más de veinte kilómetros a la espalda y tras comer algo a más de veinte kilómetros de Santiago pensamos en hacer algo más de recorrido y así esquivar la marabunta de turistas. Soñábamos con poder hoy llegar a la meta final pero con el cansancio arrastrado y las horas que eran nos parecía un reto casi imposible. En ese momento apareció Enrique, un valenciano que rozaba los setenta años y que ya llevaba en esta jornada más de treinta kilómetros a sus espaldas. Tras un rato de charla nos dijo: “¿Entonces hoy a Santiago?” Su fuerza de voluntad, su ánimo y su entusiasmo terminó por contagiarnos. Nos subimos a su carro y dejando que nos guiara en esta locura lo seguimos.

No podíamos dar crédito a lo que veíamos. Su ritmo, su entereza, su fortaleza a su edad, su ejemplo, su belleza a la hora de caminar a pesar de que tenía los pies rotos como nosotros, su porte entero nos dejaba anestesiados. Era tanta la emoción que sentíamos ante la idea de que quizás hoy pudiéramos llegar, contra pronóstico, a Santiago, que durante unos metros nos lanzamos a correr, adelantado a peregrinos que nos miraban sorprendidos.

La alegría y el gozo que sentíamos nos elevaba a un estado de consciencia diferente. Sabíamos, intuíamos de alguna forma que hoy, fuera como fuera, debíamos culminar el Camino. Pero enseguida la dureza de esos últimos veinte kilómetros, el doble de lo que solíamos hacer diariamente y encima en el final de todo este proceso tras más de treinta y cuatro días caminando se hizo sentir.

Los diez últimos kilómetros fue un auténtico calvario. Cuando llegamos al Monte del Gozo, a cinco kilómetros de nuestra meta ya no podíamos más. Además, de repente todo se ennegreció amenazando con lluvia y un frío intenso nos sacudió por dentro. Estábamos rotos, los dolores, profundos como nunca antes los habíamos sentido produjeron náuseas y mareos. La fiebre empezó a aparecer y creíamos que aquello era ya el fin. Alguna fuerza superior nos empujó a seguir. Respiramos muy lentamente mientras nos mirábamos a los ojos recordando tantos y tantos momentos duros. Decidimos continuar, no desfallecer en el último tramo, sentir el orgullo de poder culminar todo este esfuerzo hasta el final. Paramos para coger aire y no desfallecer ante la sensación de pérdida de consciencia y continuamos despacio, muy despacio.

Cuando entramos en Santiago la imagen era dramática. La gente nos miraba con incredulidad y cierta compasión. Entramos en la ciudad a las ocho de la noche y llegamos, extenuados, muertos, una hora más tarde a la Plaza del Obradoiro. Los últimos kilómetros nos cogimos de la mano. Sentía como Laura me guiaba y con su extrema fortaleza empujaba mi cuerpo inerte. No veía nada, sólo su mano que agarraba con fuerza la mía. No sólo fue mi guía y mi bastón, sino que se convirtió en mi soporte vital, en mi propio aliento en los últimos momentos. Respiraba su aire mientras su corazón hacía latir el mío. Sólo podía alimentarme de su coraje y fuerza. Sólo podía seguir gracias a su entrega incondicional. A media hora del lugar empezaron a caer las primeras lágrimas. Llorábamos de dolor y de emoción, de alegría y de tristeza, de rabia y de entusiasmo. El alma, emocionada, se expresaba con llanto.

La llegada a la Plaza del Obradoiro fue apoteósica. Desde lejos ya se escuchaban las gaitas que nos recibían. La entrada por ese túnel iniciático que hay antes de entrar en la gran plaza con esa música nos hizo arrancar el último gemido. Pudimos seguir a Enrique hasta el final. Él, pacientemente, nos esperaba en cada esquina, en cada tramo con una sonrisa y una fuerza de otro mundo. Parecía un ángel que nos custodiaba paso a paso, vigilando que pudiéramos terminar el proceso, cuidando silenciosamente ese sollozo verdadero.

Llegamos a la plaza y nos abrazamos en llanto, llorando como nunca lo habíamos hecho, dándonos las gracias el uno al otro por estos más de veinte días juntos, de apoyo y de amor incondicional, de sincera ayuda y compañía. Gracias, gracias, gracias sonaban a las nueve en punto con las gaitas de fondo, el llanto, las campanas de la catedral y los turistas que se acercaban curiosos para hacernos fotos. “Están llorando”, decían sorprendidos mientras no éramos capaces de terminar con el abrazo sentido y eterno. Sí, llorábamos de alegría y de emoción, de dolor y de fe, de esperanza e incredulidad por haber podido terminar la hazaña de hoy y la hazaña de casi cuarenta días de aventuras y emociones.

Hubo una muerte en la plaza del Obradoiro. Sentimos que algo viejo terminaba. Incluso el móvil, ante una de las últimas fotografías, cayó al suelo y se quebró tras más de cinco años de ininterrumpida compañía. Era como una señal. Algo moría en esa fiebre y en esos dolores, en ese abrazo y esa esperanza de una vida nueva. Algo que aún no hemos valorado ni reflexionado suficiente.

Pero sentimos que no era el fin del Camino. Que ahora que de forma inesperada habíamos llegado al final, empezaba un nuevo Camino aún más grande y emocionante. Que así sea, para siempre…

Gracias peregrinos por todo lo que habéis dado, gracias Laura por tu ejemplo, tu coraje y fortaleza, por tu amor incondicional y entrega.

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12 thoughts on “Día 34. SANTIAGO DE COMPOSTELA. ¿FIN DE CAMINO?

  1. Enhorabuena a los dos campeones, emocionante ver vuestras caritas a la llegada, mezcla de satisfacción y dolor, emoción y tristeza….. a por una nueva versión de la vida terrenal por todo lo vivido y compartido… más vivos que nunca…un gran abrazo eterno

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  2. Yo también he llorado al leerte hoy…ha sido emocionante el camino a vuestro lado..todo un aprendizaje que recordaré el resto de mi vida…Gracias, gracias, gracias por llevarnos…Os abrazo el alma que la tenéis “rebella” 🙂

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  3. Y gracias a vosotros dos y resto de involucrados en esta preciosa historia que es un más allá, lo delatan las palabras, las imágenes, los sentires y, sobre todo, ese halo que desprendéis.

    Gracias 🙂

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  4. Gracias Javier Y Laura
    el final del Camino representa un nuevo renacer a nuevas experiencias vitales. Que ojala como el propio Camino os ayuden a avanzar en nuevos proyectos de vida.
    Un fuerte TAF
    JR

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  5. Como bien dice Walt Whitman; Tu espíritu te dice que no es el final…la mezcla de dolor,cansancio,alegría,compañía con el otro (en este caso Laura),los otros, sirve para seguir adelante.

    Ahora un baño bien calentito y a descansar.

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