Día 28. LAS HERRERÍAS


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Hace unos días, mientras mirábamos el mapa que Laura lleva consigo puse el dedo en la población de Las Herrerías sin saber exactamente porqué. Me llamó la atención el lugar sin más y lo indiqué expresando la inquietud. La intención era hoy quedarnos en el albergue “El Pequeño Potala”, que por su nombre ya parecía un buen sitio, pero cuando hemos llegado esta mañana estaba completo, así que, cosas de la vida, tuvimos que andar unos kilómetros más entre valles y ríos hasta Las Herrerías.

Y aquí nos encontramos hoy, en este lugar fronterizo antes de llegar mañana a tierras gallegas, repasando las sincronías del día. Como esa en la que Laura, intentando sorprender escondía un regalo sorpresa en sus bolsillos. Cuando me ha preguntado para ver si adivinaba que era, sin saber porqué, le he dicho que se trataba de un donut de chocolate. Los dos nos hemos quedado perplejos cuando efectivamente, esa era la sorpresa. La otra sincronía, la tercera ya, ha sido cuando nos estábamos preguntando en voz alta cuanto tiempo podría durar este buen humor, estas risas continuas y estas carcajadas, si se podría realmente mantener mucho tiempo este ritmo. De repente, debajo de nuestros pies, aparecía escrita una frase: “sí que se puede”.

Observábamos atentos la aparición de estos y tantos otros fenómenos que se sucedían uno tras otro. Como si un nuevo lenguaje naciera para descubrir un infinito mundo de posibilidades. Un deleite silencioso pero cargado de expresión. Un dialecto al que nunca terminas de acostumbrarte por sorpresivo y mágico.

Ahora lo observamos todo sin apegarnos a nada. Ni al deseo de pervivencia, ni al acostumbrado instante de permanencia a este estado hipnótico, o quizás deberíamos llamarlo a este momento de extrema realidad, de apertura de los sentidos y la intuición más altiva.

Esa apertura la pudimos observar esta mañana, cuando Jato hacía una imposición de manos a una peregrina lesionada y esta arrancaba a llorar. En el Camino observamos que estos dolores que nos salen y se pasan de un lugar a otro tienen que ver con bloqueos emocionales, con energías estancadas, con presuntas fuerzas no alineadas en un cuerpo que siempre, a pesar de su constante supervivencia ante lo más duro, no deja de ser una herramienta poderosa, pero frágil al mismo tiempo. Esa fragilidad estalla ante una sanación en otros planos, como si el toque mágico de unas manos pudieran limpiar de repente esos bloqueos y hacer que las piernas fueran otras nuevas. Lo hemos sentido en muchas ocasiones en estos últimos trayectos. Y el Camino nos muestra esa sabiduría de observar uno u otro dolor y transmutarlo hacia otra cosa.

En ese estado de vigilia, de continua observación nos preguntamos constantemente qué es el dolor, qué lo ocasiona. Todo nos lleva a un proceso de muerte y descomposición de lo viejo y caduco de nosotros para reencontrarnos con lo nuevo, con lo sorpresivo, con esa dimensión sobrehumana que nos traslada al otro lado de ese remanso constante e impermanente. Es cuando estamos ahí, cuando permanecemos en esa Alegría constante, cuando el dolor se difumina y deja paso a la anécdota. Es cuando nos centramos en nuestro propósito interior, en el propósito universal que guía todas las cosas, cuando nos entregamos sin miedo al Camino, cuando los dolores desaparecen y mutan. Ya no hay bloqueos, ya no hay prisa por llegar a ninguna parte. Todo fluye de forma extraña de un lugar a otro, cumpliendo propósitos, cumpliendo con nuestra parte en el vasto universo de la experiencia.

Llueve ahí fuera. Desde el gran ventanal podemos contemplar el estrecho valle, sus cañadas, el río, las montañas, las nubes, el continuo bailoteo de las copas de los árboles y la nieve agolpada en los cerros más altos. Suspiramos en este remanso de paz. Suspiramos porque todo es justo y perfecto.

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4 respuestas a “Día 28. LAS HERRERÍAS

  1. Bueeeno, vaaale, todo es justo y perfecto 😉

    O será según el estado del alma. Algo más palpable: será según los ojos con que lo miremos.

    Lo mismo da, la cuestión es que vosotros tenéis el alma y los ojos en el tono adecuado y… nosotros nos dejamos contagiar 🙂

    Así pues, gracias de nuevo Javier, Laura y demás caminantes.

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  2. Se palpa esa energía positiva. Todo fluye. Piensas en un donut,y este aparece. Todo es casualidad…causalidad…sincronía…que más da,son pequeños momentos de felicidad.

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