Día 19. MANSILLA DE LAS MULAS.


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Si algo nos enseña el Camino es a ser humildes, muy humildes. Las piernas son las que más sufren, las que más calma y cuidados necesitan. Y eso te hace dar y recibir cuidados, estar atento a las necesidades del otro o dejar que el otro te cuide, siempre, siempre, siempre de forma incondicional. Tras haber cuidado durante unos días a Laura, es ella la que ahora pone toda su alma en cuidar a este lesionado peregrino. Hoy pensaba sobre la suerte que he tenido en que el Camino me haya puesto a una masajista profesional como compañera de viaje. Todo un regalo y toda una bendición. Como además es vegetariana, cocina de maravilla y es capaz de sorprender gratamente a mi cuerpo físico con sus platos exquisitos.  Además la convivencia es perfecta. No discutimos, estamos todo el día riendo con las ocurrencias de uno o de otro, compartimos todo lo que tenemos, nos cuidamos mutuamente y estamos atentos a las necesidades del otro mientras nos dejamos guiar por las sorpresivas ocurrencias del sendero. Se ha creado una bonita atmósfera de humildad, de compartir, de cooperación y de apoyo mutuo sin proyectar nada, sin esperar nada, sin fabular sobre nada. Sólo caminar y compartir.

A veces el Camino nos puede, pero entre nosotros solo existen sonrisas amables y una constante búsqueda de satisfacer al otro en todo lo que podemos. Eso nos obliga a entender el significado profundo de la humildad, a aceptar la derrota y dejarnos cuidar mutuamente cuando lo necesitamos. Como ocurrió ayer, donde la dureza del Camino se manifestó de forma cruda y tuvimos que lidiar con situaciones difíciles. El estar juntos nos hizo entender muchas cosas, compartir lo bueno, pero también lo malo, al menos hasta que el Camino nos separe, y ser capaces de vencer, con una sonrisa, esas cosas que el Camino nos mostraba como pruebas o advertencias.

Tras el día difícil de ayer, y para evitar que el ánimo recayera, decidimos tomarnos las cosas con calma. Seguían los dolores, pero parábamos más veces. Llovía a cantaros todo el trayecto, pero reíamos, contábamos chistes o simplemente cantábamos para sustituir a los coros de los pajarillos o para alegrar el día gris que se avecinaba a cada paso. Si veíamos un puente nos refugiamos bajo ellos y aprovechábamos para comer algo. Como las bromas y las risas son constantes, ininterrumpidas, eso logra crear una atmósfera positiva y optimista que nos obliga de alguna manera a renunciar al dolor, a olvidarlo o relegarlo a otra dimensión diferente. Es increíble como la actitud ante las cosas logra transformarlas. La buena predisposición, el saberte querido y cuidado, el hacerlo con auténtica humildad y entrega, hace que todo fluya de forma hermosa y tranquila. Hace que el devenir sea solidariamente soportable.

Y la humildad se manifiesta de mil maneras. Hoy cuando caminábamos bajo la lluvia, aceptando la dificultad adicional. O cuando llegábamos al famoso bar de La Torre, en Reliegos, donde un especial Sinín nos invitaba, sin cobrarnos nada, a una sopa caliente mientras nos mostraba orgulloso el cómo su bar había sido filmado en algunas películas o retratado en algunos periódicos. Esa sopa, con esa lluvia y con ese cansancio ha sido una bendición más, un regalo de los dioses, de los angelitos que te vas cruzando en todas las esquinas, en todas partes, con ese tipo de presentes, de atenciones, de ánimos. Se agradecen tanto esos gestos de generosidad constante, esos abrazos con la mirada o la palabra. Cada gesto es un impulso más, una maravillosa presencia de esa humanidad que brota poco a poco, que se siente y se percibe como un nuevo e inevitable renacimiento. Todo es gratitud, todo es agradecimiento, todo es reconocimiento y cariño a esas poderosas fuerzas que nos ayudan a cada instante, en cada amanecer. Hoy deseo expresar especialmente a Laura esa gratitud por demostrar ser un alma libre, entregada y llena de amor incondicional hacia el otro. Por su humildad y ganas de vivir. Por ser ejemplo y apoyo en estos momentos donde el Camino resulta difícil, pero hermoso al mismo tiempo. Por sus cuidados y por su mágica presencia. Por sus mensajes y sus masajes, por su fluir constante, por su fuerza, coraje y optimismo. Su ejemplo me sirve y me ayuda. Así que gracias, gracias, gracias.

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3 thoughts on “Día 19. MANSILLA DE LAS MULAS.

  1. Hola Javier, buena cosa que estés con gente como Laura y Sinín. Parece ya como si llevaras toda la vida caminando. En el fondo ese caminar es alegoría de la vida humana. Como ayer decía Luna, hay días y también hay días. Yo esta tarde recuperé la calma y el silencio, llegó poco a poco, como en un susurro, y se instaló ahí dentro. Y ahí está. Ayer tempestad, hoy calma. Mañana quizás tengáis sol tras tanta lluvia. Esa sopa caliente te supo a gloria. Hay tanta gloria en el mundo, hay que sentirla hasta que entre dentro de la consciencia, pienso. Como dice tantas veces en tus caminares, es tiempo de recuperar lo sagrado, lo mágico. Cada comida es una magia. Un abrazo y hasta mañana.

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  2. Hola Laura!

    Hola Sinín!

    Hola Javier!

    Me acaba de enviar, mi hermana pequeña, un correo en el que el Dalai Dama dice, entre otras cosas, que debemos rodearnos de buenas personas.

    Yo también soy muy afortunada porque estoy rodeada de ellas, tanto de forma real como virtual, sin proponérmelo.

    Por eso, también doy las gracias 🙂

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