Día 16. CALZADILLA DE LA CUESTA


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Cuando las piernas se han quebrado y no podía seguir más algo extraño ha recorrido todo mi ser. Ayer surgió un nuevo dolor, diferente, más agudo, más fuerte al resto de los dolores, más insoportable. Hicimos tan sólo diez kilómetros para poder descansar, pensando que hoy sería diferente y que el nuevo dolor desaparecería con la ayuda de algún masaje y algo de cariño.

Me tumbé en la estepa, bajo la sombra de un gran álamo, fijando la mirada en las hojas que tambaleaban al son del viento y en las cigüeñas que pasaban de un lado a otro, meciéndose entre térmicas y mareas de aire. Me concentré en ese peculiar baile y pensaba en la hermosa noche de ayer, cuando escuchábamos algo de música mientras la chimenea calentaba nuestros corazones. Luego me quedé hasta muy tarde trabajando y por la mañana, con un simple gesto melancólico, me despedí y me marché de nuevo solitario. Los diez primeros kilómetros los hice más o menos con cierta dignidad. Pero cuando me encontraba en mitad de la nada y a unos quince kilómetros del siguiente albergue la pierna derecha, con su nuevo dolor en la espinilla, se quebró.

Laura, con los pies aún más quebrados que yo, se había quedado en Carrión de los Condes y estando ya instalada en el albergue, me llamó para ver si yo había hecho lo mismo. Le dije que había seguido adelante y armándose de valor y coraje, mucho coraje, me dijo que entonces ella haría lo mismo. Que el Camino era más divertido con un loco a su lado. Realmente pensé lo mismo así que su coraje me llenó de coraje y seguí caminando hasta donde pude.

Cinco kilómetros antes de llegar al siguiente albergue la esperé aún más quebrado tumbado en mitad de la nada. Creo que debí dormirme escuchando el susurro del aire y el canto de los pajarillos, porque las dos horas de espera pasaron volando. A pesar de su dolor, de sus pies destrozados, hizo el gran esfuerzo y apareció radiante, sin que nada pudiera detenerla. La alegría fue mutua porque es cierto que el Camino se hace más increíble y soportable cuando consigues buena compañía. Me ha sorprendido mucho la fortaleza de esta persona y hemos hablado, una vez en el albergue, de lo que es capaz el ser humano cuando se propone algo. De cómo es capaz de traspasar la barrera del límite y aumentar aún más la fortaleza ante la adversidad y el dolor extremo. Hoy ha sido un gran ejemplo de superación, de valentía y coraje, mucho coraje por su parte. Su temple y arrojo ha sido un gran ejemplo y una gran lección que me ha contagiado para mirar la fatalidad cara a cara, especialmente cuando es extrema.

Así es el Camino y así es la vida, así es la trémula templanza, el ágape vital, la pureza estricta de sabernos vencedores incluso ante lo más extremo. Porque mientras el aliento vital pueda arrojarnos hasta el borde de cualquier camino para descansar y recuperar el hálito, y otros estén ahí para infundirnos inspiración y fuerza, siempre podremos seguir adelante. Siempre.

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4 thoughts on “Día 16. CALZADILLA DE LA CUESTA

  1. Voy a bajarme de la mochila Javier… que te duele la pierna y no es plan…a partir de hoy estaré a tu lado, mandándote susurros de aliento 🙂 y verás como vas más ligero ;))

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