Día 11. BURGOS


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El trueque fue hermoso. No hubo cantos gregorianos como en otros años, pero sí un canto de la naturaleza increíble y único. Cuando despertamos de madrugada no podíamos imaginar que el decorado iba a ser tan majestuoso. La nevada era impresionante. Muchos peregrinos se lo pensaron antes de salir. Pero el Camino estaba ahí, esperando nuestras huellas. Salí de nuevo en solitario entre la niebla y la nieve que caía sin parar y que se calaba en todas partes. El dolor ya no existía, solo la templanza ante la adversidad y la belleza, solo la determinación y la fuerza que nos arrastra incluso en los momentos más difíciles.

Alguien decía que el amor no puede ir en solitario, sino que necesita de la compañía de la sabiduría y la voluntad. Sin duda hoy había muchas dosis de amor, pero sobre todo, de voluntad. El amor compensaba el paso. El amor al Camino, el amor a los seres visibles e invisibles que se cruzaban entre árboles y montañas. Amor a todo lo que existe y reclama un mínimo de atención. La naturaleza se empeña en mostrarnos todas sus facetas. Hace unos días parecía que estuviéramos en pleno verano, metíamos los pies en los arroyos mientras recolectábamos flores para decorar el Camino. Ahora el invierno se apodera fríamente de los caminos, helando nuestros suspiros y pasos. A nosotros nos corresponde contemplarla y aceptarla, utilizar la sabiduría para desentrañar sus misterios sin juzgar nada de lo que ocurre. Nada es bueno ni nada es malo. Todo es impermanencia y por lo tanto es nuestra tarea aceptar el cambio.

Es así como el Camino te sumerge en una extraña sensación de atemporalidad, de estar fuera de todo tiempo y de todo espacio, en un instante donde ni siquiera las estaciones existen. Cuando caminas, cuando haces tu camino, la amplitud de las cosas es tal, que solo contemplas un espectacular paisaje cambiante que te acompaña silencioso, rompiendo la monotonía de la vida y la existencia.

Ya no preocupa cuantos kilómetros haré al día ni donde dormiré hoy o mañana. Me dejo llevar por las señales y dejo que el propio Camino sugiera los lugares donde reposar y los kilómetros que recorrer. No hay prisa por sacudir el polvo de las botas en ninguna parte. Cada instante, cada paso es un refugio del devenir. Y ese devenir exige dejarse fluir, atreverse, con fortaleza, a estar abierto a todo cuanto ocurra. A veces pasan cosas increíbles ante nuestros ojos sin darnos cuenta, como el goteo incesante de la nieve de estos días, una nieve fina que acariciaba cada rincón de tierra húmeda, cada hoja de árbol, cada piedra, cada peregrino, cada lugar recóndito, a todos por igual.

Creo que debería existir en las aulas una asignatura que fuera esa: El Camino. Como cuando hace unos días me crucé con al menos medio centenar de jóvenes bilbaínos que iban a andar unos diez kilómetros de senda. Me preguntaba, tan distraídos que iban con sus charlas y sus bromas, qué enseñanza sacarían de esa experiencia, aunque fuera corta. ¿Es posible deducir, o intuir, qué nos quiere expresar el Camino? Sin duda hay una enseñanza, o tantas enseñanzas como peregrinos transitamos sus infinitos valles y montañas. Cada uno se hace maestro de su propio caminar. Cada uno saca su propia sabiduría. Porque de alguna forma, el Camino nos hace más sabios, más prudentes, más concentrados, más reflexivos, más atentos a los pequeños detalles que van y vienen, más sensatos a la hora de tomar decisiones.

Como ese ruso que hace unos días intentaba con dificultad colocarse el chubasquero ante la lluvia. Me paré y le ayudé en la labor. Me miró agradecido. Dijo algunas palabras y continuamos cada uno por su camino, pero atentos ante las necesidades del otro. Pequeños gestos, pequeñas muestras de amor incondicional hacia seres que quizás no volveremos a ver en nuestras vidas. Qué importa. El recuerdo de esos gestos que damos y recibimos a cada instante no tienen precio. Gestos que siembran semillas de humanidad, a cada paso, a cada instante. Gestos pequeños que nos hacen grandes los unos a los otros. Gestos minúsculos que colman de belleza el transcurrir de nuestra existencia y la de los otros. Como cuando hoy me paraba a saludar a un centenar de ovejas que recibían la misma dosis de nieve. Estaban tranquilas, pausadas, sin miedo, sin expectativa. Su misericordiosa tranquilidad ante la nevada me llenaron de fuerzas. Su gesto pasivo, su templanza ante esa adversidad fue suficiente para seguir adelante.

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6 respuestas a “Día 11. BURGOS

  1. Buenas tardes Javier. Tus vivencias son muy bonitas y universales. Es cierto que el Camino te transporta a otro mundo. Decía yo ayer que al reducir tu espacio vital a una comarca, te haces casi hormiga en el patio, y la comarca se convierte de repente en el Universo todo. Pero a la vez, estando en ese espacio reducido, que te llevaría veinte minutos transitar en coche, tu comprensión del Universo aumenta pues ves matices que antes no veías: la piedra en el suelo, la marca en el tronco, la forma de una nube, el perfil de un caminante amigo, sea canadiense, ruso o de tu pueblo, un atardecer que ya nunca se repetirá… Es una sensación muy bonita, casi una paradoja ésta de la comarca hecha Universo. Yo hoy me he pasado el día en mi mesa con el ordenador resolviendo asuntos. Temas prosaicos pero obligatorios estos días. Pero también al mirar por la ventana me imaginaba ese camino y esas nieves y esos cielos, y vivía un poco ese camino y esas nieves y esos cielos. Enfín, un disfrute caminar contigo “desde mi silla”. Ahora saldré a dar un paseo. Bona nit y hasta mañana.

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  2. En ocasiones piensas que no podrías hacer esto o aquello. Seguramente, tú u otras personas que han elegido los meses de abril/mayo para este peregrinaje, pensaron que era un mes, climatológicamente hablando, ideal. Sin embargo, la nieve os ha cubierto como si en febrero estuviéseis y aun así seguís disfrutando de ese camino… Está claro que somos capaces de mucho más de lo que creemos.

    Preciosas fotos 🙂

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  3. Desde aquí comparto el camino, ese camino que nos narras con tanta ilusión, con tanta vivencia y con tantas ganas de percibir cada instante…
    Gracias caminante.
    Desde mi jardín…
    Gracias infinitas a la VIDA por dejarme percibir lo maravilloso que es cada suspiro en ella…

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  4. Se puede nacer más guapo o más feo,más alto o más bajo,más inteligente o menos,,,pero no tienen todas las personas esa capacidad para entender el amor.

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