Día 9. TOSANTOS


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Esta mañana me levantaba feliz con mis recién estrenados cuarenta años. Desayunamos juntos y antes de marchar subimos al torreón de la iglesia para escuchar en vivo y en directo las campanadas. Fue emocionante a pesar de que el frío que calaba y la nieve que de vez en cuando caía presagiaban un día duro.

Mientras esperábamos en la torre las ocho campanadas, recordaba con todo detalle el especial día de ayer. Al principio sólo éramos tres en el albergue, pero en alguna parte se corrió la voz de que ese lugar era especial y terminamos siendo algo más de treinta. Se creó un ambiente bonito. Las italianas tocaban la guitarra, las alemanas jugaban al ajedrez, los ingleses leían algún libro junto a la chimenea encendida, los holandeses miraban melancólicos por la ventana.

Tuvimos una cena muy especial, en comunidad. Una paella increíble acompañada de pasta. Nos sentamos todos unidos por primera vez en el Camino. En la mesa no había nacionalidades, ni desconocidos. Todos estábamos hermanados por un sentido de comunión hermoso. Allí éramos una humanidad, un sentir. Sin divisiones, sin exclusiones, sin rencillas.

Tras la cena acogedora acompañada por el crujir de los leños, fuimos hasta la capilla y encendiendo unas velas ante la impresionante oscuridad de la iglesia, hicimos una sencilla oración. No importaba si creíamos o no en un ser superior, en un Dios o en el Absoluto. La inmediatez del momento, la comunión de las almas que allí se encontraban unidas por la luz de las velas, por el silencio y por la complicidad peregrina eran suficientes. Había en toda esa escena un calor diferente, una hermandad que nos unía más allá de nuestras diferencias, de nuestros orígenes, de nuestros destinos. Podíamos entrever que realmente las cosas que nos unen siempre son más poderosas que las que nos separan. Que la mirada amiga o la mano tendida siempre son más vigorosas que la debilidad o el miedo.

Por un momento sentí el significado profundo del peregrinar en ese lugar. Aquella cena, aquella sencilla oración, aquel estimulante lugar plagado de historia, habían conseguido trasladarnos por un instante a la esencia del Camino. Ya no éramos turistas, ni despistados curiosos ni anhelantes buscadores. Éramos hermanos y hermanas unidos en el lazo místico. Entendiendo que el Camino no es para hablar, sino para escuchar. Escuchar al otro, a toda la creación que nos rodea, a nuestro interior. Es cierto que el humano se ha alejado del significado de lo sagrado, del misterio, por eso el Camino te ayuda a caminar despacio, sin prisas, para contemplar con calma la motivación que nos empuja a escrudiñar la existencia. El espíritu se afina en la dureza y el esfuerzo y nos arrastra a la riqueza de la vida.

Por eso dormir en el suelo no fue un suplicio. Hasta el punto que pregunté a los hospitalarios si existía algún otro lugar con este espíritu particular y primigenio. Me indicaron que en Tosantos había algo parecido. Y aquí me encuentro de nuevo, tumbado en el suelo, en una colchoneta, en un lugar donde también compartiremos la cena y el desayuno y donde habrá de nuevo una oración, una nueva oportunidad para sentir la comunión de las almas.

Las campanas tocaron, para disgusto de los alemanes e ingleses, a las ocho y cuatro minutos. Bromearon sobre esas cosas de los españoles. Luego cada uno, ante el intenso frío, siguió su camino. El mío fue de nuevo solitario. Silencioso. Recogido. El frío congelaba los pasos y la nieve que caía rauda parecían cuchillas que cortaban el aire. Pero no importaba a pesar del hinchazón del pie izquierdo y el galopante resfriado que ya arrastro. Recordé las palabras de una amiga que ayer me llamó desde Mozambique diciendo: “recuerda el significado de la vieira. La supremacía del espíritu sobre la materia”. Hoy no podía olvidar esa sentencia, porque es la fuerza del espíritu la que arrastraba la materia dolida y frágil.

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9 thoughts on “Día 9. TOSANTOS

  1. Hoy echamos de menos la foto o fotos. Felicidades en tu cumpleaños. Bonitas vivencias las que nos trasmites estos días. Saliste en primavera y de repente has vuelto al invierno. Un abrazo fuerte

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  2. ” La vida de cada hombre es un camino hacia sí mismo, el intento de un camino, el esbozo de un sendero”. Hermann Hesse
    Joops, qué bonita!! La he leído y me acordé de ti… que seguro ya estas en marcha.
    Te abrazo desde la mochila 😉

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