Día 5. TORRES DEL RÍO


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Escribo desde Torres del Río, desde el mismo albergue donde estuve hace seis años. María, la hospitalaria, nos recibe con un trato familiar que siempre es de agradecer. Hoy el paisaje era totalmente diferente. Suaves prados cargados de trigales que se mecían con el viento cambiando de color. Parecían delicadas olas sobre un mar verde y dorado que acariciaban nuestra vista deslumbrada por la magia del momento. Nos parábamos para contemplar el espectáculo y escuchar el sonido de la brisa rozando cada verdor, cada instante. En ese momento de estupor, era como si todo lo existente se parara. Todo menos el aleteo dócil del viento contra el prado. Al poder observar esos instantes nos dábamos cuenta del regalo que supone estar vivos, ahí quietos, observando impasibles el espectáculo de la vida.

Después del tumulto de ayer, del ir y venir de peregrinos alegres y felices, hoy ha sido un día más tranquilo, más solitario, aunque también plagado de cruces de camino. Salí el primero del albergue algo pasadas las seis y conseguí caminar en solitario al menos tres horas. A las diez suelo parar dos o tres minutos para comer algo ligero antes de continuar. Por alguna razón que desconozco, he perdido el apetito en esta aventura.

Luego, poco a poco nos íbamos cruzando unos con otros bajo el abrasador sol que por suerte, venía acompañado de una fresca brisa. Saliendo de Ayegui había dos posibles direcciones. Cogí el camino de la izquierda. Supuestamente era más corto, pero estaba peor señalizado, lo que hizo que me perdiera y terminara en una carretera inhóspita. A veces los caminos más cortos no son los más seguros ni los más rápidos. Esa experiencia me hizo pensar sobre los caminos paralelos de la vida. El seguir uno u otro y el ver, años más tarde, a veces muchos años más tarde, que te encuentras en el mismo punto de partida porque elegimos otro camino. De nuevo aquí y ahora, sin haber avanzado nada, o encontrándonos en una especie de nueva oportunidad para volver a empezar de nuevo. Eso se sabe cuando alguna vez has podido intuir cual es tu camino, tú propósito vital en la vida. ¿Es eso posible? ¿Cómo saber cual es nuestro propósito? ¿Existe realmente? Creo que existe, al igual que los peregrinos creen que este Camino conduce a un lugar que llaman Santiago. Y por eso caminan con fortaleza y decisión, a pesar del cansancio y el agotamiento diario: saben cual es su propósito, su meta, el final del Camino.

Me gusta preguntar a los peregrinos cual es su propósito interior y personal a la hora de emprender el viaje. Para muchos, la mayoría, es un punto de inflexión en sus vidas, un tiempo de reflexión para saber ese “ahora qué”, o para dar continuidad a algo emprendido, una especie de confirmación de “sí quiero”. Sin duda, para la mayoría, será un antes y un después. Dependerá mucho de la capacidad de poder respirar el Camino, de poder sentirlo en las entrañas más profundas.

Recuerdo que la primera vez que hice el Camino era muy joven. Lo preparé con sumo cuidado desde los dieciséis años. Iba a las bibliotecas a pedir libros que pudieran orientarme. Más tarde compré algunas guías. Era inexperto. No conocía el Camino. Estuve algún verano trabajando para ahorrar algo de dinero y poder comprar una bicicleta y así hacer el trayecto en bici. Era una época de muchas cuestiones existenciales, vivenciales y filosóficas. Ocurrieron cosas increíbles en todo el viaje. Conocimos a personas que nos inspiraron de por vida y que sirvieron de guía para muchas cuestiones. Éramos jóvenes y estábamos mucho más abiertos a cualquier estímulo. Observantes, cargados de vida, con ganas de aprender.

Una de las cosas que recuerdo con más claridad es que en aquella época llevaba ya dos o tres años prácticamente sin comer carne. Me estaba volviendo extrañamente vegetariano, y digo extrañamente porque en ese tiempo la palabra “vegetariano” casi no existía en el diccionario español. Sin embargo, en todo el camino comí algo de pescado porque me resultaba difícil tener una disciplina alimentaria correcta. Al final del Camino, ya en Santiago, conocimos a dos hermosas alemanas, diez años mayor que nosotros, que eran radicalmente vegetarianas. Eran muy alegres y estaban siempre cantando y haciendo bromas. El conocerlas fue para mí un hermoso testimonio que se contagió. Recuerdo que la última noche fui, para celebrar el final de toda la aventura, a un restaurante. Parecía casi un mendigo con mis barbas, mi pelo desaliñado y mis ropas de peregrino. Pedí el menú y cuando llegó el segundo plato de patatas con carne, me comí las patatas y dejé la carne tras una larga meditación junto a ese plato. El camarero se extrañó y me preguntó si todo iba bien. Le sonreí en uno de los días más felices de mi vida y le dije: “todo está perfecto”. Dejé una buena propina para que no se sintiera mal y me marche pleno. Fue ese día, en el Camino, cuando comprendí algunas cosas sobre la sensibilidad hacia otros seres. Y hoy, mientras comía un risotto buenísimo en Arcos, recordaba la dureza interior de aquel primer Camino.

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12 thoughts on “Día 5. TORRES DEL RÍO

  1. Qué diferencia con el color del verano, todo amarillo!

    Gracias por tu bonito post, y seguimos caminando contigo en silencio y con mucha alegría.

    Abrazo!

    J

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  2. Has sufrido eh?….dureza interior de aquel camino
    Te puedo pedir una cosa?Pide por todos,pero me haces un aparte pequeñito,que nos ayude Dios,el señor Santiago o….Gracias Javier.u.a.g.g.

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  3. Gracias Javier por compartir con nosotros, tu camino, tu tiempo, tus pensamientos, cada paso.
    Como dice Joaquin caminamos contigo y en silencio, te acompañamos…

    Todo nuestro cariño Javier!!!!

    Jaime.

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  4. Veo que tienes buena compañía todos los días, compañía de otros peregrinos reales y las virtuales desde este rinconcito tan acogedor. Joaquin va de tu mano día a día… me gusta.

    Es claro que no estás solo 😉

    Gracias, de nuevo, por tan hermosas crónicas.

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  5. Al leerte me entran unas ganas de echar a andar y respirar esa brisa, vivir esos cielos, perder la mirada en el horizonte verde…
    Gracias por compartirlo!
    Abrazo fuerte!

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  6. Gracias a todos por hacerme compañía en este hermoso peregrinar… Vuestras palabras también son guía y fuerza… Así que os abrazo sentidamente a todos y todas y os llevo en mi pecho y en el Camino…

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  7. No he leído tu post de hoy, no me interesa.
    Creo sinceramente que vives demasiado fijandote en ti.
    Eres un privilegiado que puedes escoger qué hacer y cómo hacerlo, en casi todos los momentos de tu vida.
    Sin embargo te pasas la vida quejándote de todo… Realmente Javier, qué buscas?
    Hoy para mi es un día muy duro… y no entiendo tanto quejismo, y tanto buscar..
    Es todo.
    Suerte con tu camino… al final quizás encuentres tu luz

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