Día 3. PUENTE LA REINA


 la foto

Ayer, mientras contemplaba desde el jardín la placiente vida de las tortugas y el leve pasear de los peces en el estanque observaba a los peregrinos. Todos tienen un alma pura y brillante. Puedo verla en sus miradas, en sus sonrisas y en su cansancio. También puedo ver como mancillamos, a veces sin saberlo, el brillo de cada una de nuestras luminarias. Pero no importa mucho. La luz permanece aunque se la ignore.

Hoy ha sido un día de encuentros y reencuentros con almas. No he podido escaparme como en los días anteriores y he caminado acompañado todo el camino. A veces me quedaba algo rezagado para observar las almas que me precedían, sus almas peregrinas. Veía como sus cuerpos son como ventanas para los seres sensibles y sintientes. Se puede ver a través de ellos toda su trasparencia, aunque a veces esos cuerpos estén embrutecidos, sean opacos y oscuros, y no dejen pasar la luminiscencia de su Ser. ¿Cómo es eso posible? ¿Cómo se puede desdorar de esa forma nuestros cuerpos? ¿Cómo es posible que lleguemos a esa oscuridad turbia que se enreda y nos confunde? Tampoco importaba. Solo bastaba con acercarme a ellos y mirar fijamente sus ojos y ahí estaba la luminiscencia.

Sentían curiosidad por el “turista”, que al parecer, es así como me han bautizado por mi ligera mochila. Luego, cuando parábamos a comer y veían que no bebía vino ni comía carne se extrañaban aún más. ¿Un español vegetariano? Me preguntaba un amable californiano. No sabía como explicar la profundidad de mis convicciones. Hacía broma de todo mientras por dentro reflexionaba sobre lo mismo de siempre. Sólo debemos observar como cuidamos nuestros cuerpos, qué tipo de alimento entra por nuestras bocas y estómagos, por nuestras emociones y sentimientos, por nuestros pensamientos y nuestros valores. Eso hacía, observar a unos y a otros, y era tanto lo que podían transmitir con cada gesto. Sonreía tímido y podía amarlos, respetarlos en su momento, en su caminar, en su búsqueda.

El alma es peregrina, pero necesita de unos cuerpos poco pesados, que no se llenen de densidad opaca con turbias emociones y torpes pensamientos. Necesitan llevar una mochila ágil para poder caminar no pensando en el cansancio y la pesadez sino en la frescura del árbol y el suave aleteo de la mariposa. A veces sólo podíamos hablar de nuestras llagas o dolores. Había momentos que podíamos parar cada dos minutos para ver si podíamos seguir otros dos más. Eso siempre ocurre especialmente en los últimos tres kilómetros de esfuerzo. Así no se puede disfrutar del Camino, y tampoco de la vida. Mirar a los ojos para contemplar nuestras almas a veces supone rasgar primero los velos que nos separan del mundo, de ese mundo que se muestra a cada instante mágico y maravilloso. ¿Qué es eso que retiene el caminar? ¿Qué cosas son esas que impiden nuestra marcha lúcida? Yo mismo debía parar porque todos soportamos nuestras dolencias. Pero intentaba no fijar la atención en ellas. Hay tanta vida ahí fuera.

La chica canadiense que nos acompañaba dijo algo: “en mi próximo Camino llevaré una mochila como la tuya”. Me hizo gracia la observación mientras rozaba con las alas desplegadas las hebras de la hierba, el olor a tomillo o el cantar imparable de ese ejército de pajarillos que nos acompañan. ¿Cómo no poder verlo? ¿Cómo no poder abrazarlo? ¿Cómo no desplegar la sensibilidad angélica ante tamaño espectáculo de vida? Hay tanta vida cuando estamos vivos, cuando nos sentimos vivos.

Mientras subíamos el Alto del Perdón pensábamos sobre muchas cosas. Al llegar a lo alto y contemplar la libertad de la experiencia nos sentíamos ciertamente libres. Era una libertad extraña. Las almas respiraban profundamente ante la belleza de esos parajes. Luego, algo cansados, llegamos a Puente la Reina, como mandaba la ortodoxia y los pies abatidos. Fin de Camino por hoy. Mañana más, porque las almas no sólo peregrinan, también transmigran.

(Foto: Los dos canadienses que hoy me han acompañado todo el trayecto. Marie Ann hablaba algo de español y podía preguntarle cosas, medio en español, medio en inglés, sobre el Quebec y su independencia).

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9 thoughts on “Día 3. PUENTE LA REINA

  1. Qué bonita etapa es esa…

    Puente la Reina –Gares en euskera– es encantador.

    ¡El puente sobre el río, belliísimo!

    Tomaté un yogur Señorío de Sarriá. Son los mejores del mundo!

    Tengo el recuerdo de ser muy feliz allí la tarde del 17 de julio de 2012. Cené a la vera del río, sentado en la tapia. Me supo a gloria.

    Bona nit!

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  2. Hoy es un día muy bonito, el Día Internacional del Libro.
    En Cataluña es, además, el día de Sant Jordi y se regalan rosas y libros en pos del amor y de la amistad.

    Así pues os ofrezco a todos y en especial al Caminante Javier, por compartir y cedernos este espacio de amistad virtual, una preciosa canción que su autor dedicó a la luna, pero que cada uno puede dedicarla a quien guste 🙂

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