Escarches, carta a Dolores Cospedal


 SEGUNDA JORNADA DE DEBATE CON LA SOCIEDAD ORGANIZADA POR EL PP, BAJO EL TÍTULO "LOS POLÍTICOS NO SON EL PROBLEMA"

Querida Dolores,

A mí tampoco me gusta la palabra. Suena rara, y nunca la recuerdo pasado el instante que dura en el paladar taciturno. Me gustaría, como a usted, que no existiera por fea y rancia. Pero existe. Y hay que contemplarla, y comprenderla.

No me considero nazi. He trabajado duro toda mi vida. He levantado casas y las he perdido. Nunca he pedido ninguna beca ni nunca he pedido ninguna prestación, ni siquiera cuando me quedaba desempleado en tiempos de crisis. Y no porque no la necesitara, sino por no querer molestar. Realmente, nunca he pedido nada. Y ahora que he trabajado tanto y lo he perdido todo, no puedo decir que me sienta un nazi, ni un totalitario por sentirme aquejado, desorientado, sin nada.

Fui a la universidad, a tres universidades, y me enseñaron la belleza de la pluralidad y el encanto del pensamiento libre. No por ello soy totalitario ni sectario. Especialmente una persona que ha tratado de proteger y fomentar la cultura y el pensamiento independiente y la cordura del bien común no puede sentirse totalitario. Así que por favor no me llame así, porque no lo soy.

No señora Cospedal. El asunto es más grave. Y es tal la gravedad que me siento con ánimo de seguir saliendo a la calle tantas veces haga falta. No por mí, que no tengo familia que proteger ni vivienda que soportar porque lo perdí todo. Sino por mis vecinos, por mis amigos desesperados, por los ancianos que rebuscan alimentos caducados y los niños que serán nuestro futuro. Saldré a la calle al menos hasta que la insensibilidad de la clase política asuma la responsabilidad de proteger al pueblo que lo ha votado. O mejor dicho, a los ciudadanos libres que han depositado en ustedes toda su confianza.

Pero cuando la confianza se quiebra y ustedes nos llaman nazis y sectarios totalitaristas, no solo se rompe nuestro corazón y nuestra alma se vacía de contenido, sino que nos obligan a seguir saliendo más y más a la calle, que se ha convertido, no solo en nuestro hogar, sino en nuestro refugio. A la calle a dormir, a rebuscar entre los contenedores algo para comer, y también a la calle para protestar. Porque, o ustedes cambian, o nosotros provocamos el cambio. Y si es en la calle, allí nos veremos.

En paz, porque aún nos queda ese sentido de realidad, pero con rabia y algunas dosis de desesperación. Sí, he perdido mi casa y mis ahorros de diez años y sobrevivo como puedo de mi propio y digno trabajo, sin pedir nada a cambio. Pero no me llame nazi, porque no lo soy.

Respetuosamente suyo,

Javier León

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